[1] Cuando el Señor tu Dios haya exterminado a las naciones cuyas tierras va a darte y cuando tú se las arrebates y habites en sus ciudades y en sus casas,
[2] te reservarás tres ciudades en medio de la tierra que el Señor tu Dios te dará en posesión.
[3] Arreglarás los caminos de acceso y dividirás en tres sectores el territorio del país que el Señor tu Dios te dará en herencia, con el fin de que todo homicida pueda hallar refugio en estas ciudades.
[4] Un homicida podrá refugiarse allí y salvar su vida, si mató a su prójimo sin querer, sin haber sido antes su enemigo.
[5] Por ejemplo, si uno va a cortar leña al bosque en compañía de otro y, al manejar el hacha para cortar el árbol, se le escapa el hacha del mango, alcanza a su acompañante y lo mata, ese hombre podrá refugiarse en una de estas ciudades y salvar la vida.
[6] De no ser así, el vengador de la sangre podría perseguirlo enfurecido y, si el camino es largo, le daría alcance y lo mataría, siendo así que ese hombre no merecía la muerte, ya que no había sido anteriormente enemigo del otro.
[7] Por eso te mando que reserves tres ciudades.
[8] Y si el Señor tu Dios ensancha tu territorio, como prometió a tus antepasados, y te da toda la tierra que prometió a tus antepasados
[9] –si observas todos estos mandamientos cumpliendo lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios y siguiendo siempre sus caminos–, entonces añadirás a aquellas tres ciudades otras tres.
[10] Así no se derramará sangre inocente en la tierra que el Señor tu Dios te dará en posesión; de otro modo te harías responsable de esa sangre.
[11] Pero, si un hombre que odia a su prójimo le tiende una emboscada, se lanza sobre él, lo mata y luego se refugia en una de estas ciudades,
[12] los ancianos de su ciudad mandarán arrestarlo allí y lo entregarán en manos del vengador de la sangre para que muera.
[13] No tendrás piedad de él; así extirparás de Israel todo derramamiento de sangre inocente y te irá bien.
[14] No desplazarás los linderos de los campos de tu prójimo que establecieron tus antepasados, para delimitar tu herencia en la tierra que el Señor tu Dios te dará en posesión.
[15] Un solo testigo no basta para probar la culpabilidad de un hombre en cualquier clase de falta, pecado o delito. Para que la sentencia por cualquier delito sea firme, es necesaria la declaración de dos o tres testigos.
[16] Si un testigo falso acusa a un hombre de un crimen,
[17] los dos interesados en la causa se presentarán, ante el Señor, a los sacerdotes y jueces en funciones.
[18] Los jueces investigarán minuciosamente, y si resulta que el testigo había declarado en falso contra su hermano,
[19] harán con él lo mismo que él pensaba hacer con su hermano. Así extirparás el mal de en medio de ti.
[20] Los demás, al saberlo, escarmentarán y no volverán a cometer tal perversidad en medio de ti.
[21] En un caso así, no tendrás piedad: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.