[1] Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni herencia como los demás israelitas, sino que vivirán de los sacrificios ofrecidos al Señor y de su patrimonio.
[2] No compartirán la herencia de sus hermanos. El Señor será su herencia como les ha dicho.
[3] Cuando alguien del pueblo ofrezca un sacrificio de ganado vacuno u ovino, los sacerdotes tendrán derecho a recibir la espalda, la mandíbula y el estómago.
[4] Darás, además, al sacerdote las primicias de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas.
[5] Porque a él y a sus hijos los ha elegido el Señor tu Dios entre todas tus tribus para que estén en su presencia celebrando siempre el culto en honor del Señor.
[6] Si un levita, procedente de cualquiera de las poblaciones de Israel, viene por propio deseo y entra en el lugar elegido por el Señor,
[7] podrá celebrar el culto en honor del Señor tu Dios, como todos sus hermanos levitas que están allí ante el Señor,
[8] y disfrutar de una porción igual a la suya, sin tener en cuenta cuál sea su patrimonio
[9] Cuando hayas entrado en la tierra que el Señor tu Dios te va a dar, no imites las abominaciones de aquellos pueblos.
[10] Que nadie entre los tuyos sacrifique en el fuego a su hijo o a su hija; que nadie practique la adivinación, la astrología, la hechicería o la magia;
[11] que nadie consulte a las ánimas o a los espíritus, ni evoque a los muertos.
[12] Quien hace esto es detestable ante el Señor. Precisamente por estas abominaciones es por lo que el Señor tu Dios expulsa a esos pueblos de tu presencia.
[13] Sé perfecto ante el Señor tu Dios.
[14] Esos pueblos que vas a expulsar escuchan a hechiceros y adivinos, pero a ti nada de esto te permite el Señor tu Dios.
[15] El Señor tu Dios suscitará en medio de tus hermanos un profeta como yo; a él lo escucharán ustedes.
[16] Es lo que pediste al Señor tu Dios en el Horeb, el día de la asamblea, cuando le dijiste: «No quiero escuchar más la voz del Señor mi Dios ni quiero volver a ver aquel gran fuego, para no morir».
[17] Entonces el Señor me respondió: «Dicen bien.
[18] Yo les suscitaré en medio de sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande.
[19] Al que no escuche las palabras que él diga en mi nombre yo mismo le pediré cuentas.
[20] Pero el profeta que tenga el atrevimiento de anunciar en mi nombre lo que yo no le haya ordenado decir o hable en nombre de otros dioses, morirá».
[21] Acaso te preguntes: «¿Cómo podré reconocer una palabra que no sea del Señor?»
[22] Si lo que dice el profeta en nombre del Señor no sucede ni se cumple su palabra, entonces esa palabra no es del Señor. Ese profeta ha hablado temerariamente; no le tengas miedo.