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[1] Escuchen, cielos, que voy a hablar; oye, tierra, las palabras de mi boca.

[2] Penetre como lluvia mi enseñanza, caiga como rocío mi palabra, como llovizna sobre el césped, como gotas de agua sobre la hierba.

[3] Voy a proclamar el nombre del Señor; ¡den gloria a nuestro Dios!

[4] El es la Roca, sus obras son perfectas, todos sus caminos son justos. Es un Dios fiel y sin maldad, es justo y recto.

[5] Lo han traicionado los hijos degenerados, una raza perversa y rebelde.

[6] ¿Así pagas al Señor, pueblo necio e ignorante? ¿No es él tu padre, que te crió, el que te hizo y te estableció?

[7] Recuerda los tiempos pasados, considera los años de edad en edad. Pregunta a tu padre para que te lo cuente, a tus ancianos, para que te lo digan.

[8] Cuando el Altísimo asignó a las naciones su herencia, cuando dividió a los hijos de Adán, y estableció las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Dios,

[9] la porción del Señor fue su pueblo; Jacob, el lote de su herencia. Lo halló en una tierra desierta,

[10] en la soledad rugiente del desierto. Lo abrazó y lo protegió. Lo cuidó como a las niñas de sus ojos.

[11] Como el águila que incita a su nidada y revolotea sobre sus polluelos, así desplegó él sus alas y los tomó, llevándolos sobre sus plumas.

[12] Sólo el Señor los guiaba, no había con él ningún dios extraño.

[13] Lo hizo cabalgar sobre las montañas, lo alimentó con los frutos del campo, le dio a gustar miel de la peña, aceite de la dura roca,

[14] queso de vaca y leche de ovejas, grasa de corderos, toros de Basán y chivos, harina de trigo en abundancia; y como bebida, la sangre fermentada de la uva.

[15] Engordó Yesurún y dio brincos; te pusiste gordo, repleto y robusto. Volvió la espalda a Dios, su creador, despreció a la Roca de su salvación.

[16] Lo provocaron con dioses extraños, lo irritaron con abominaciones.

[17] Sacrificaron a demonios que no son dios, a dioses desconocidos; dioses nuevos traídos de cerca, que sus antepasados no conocieron.

[18] Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz.

[19] Lo vio el Señor y rechazó, lleno de ira, a sus hijos y a sus hijas.

[20] Dijo: Voy a ocultarles mi rostro, y veré qué suerte les espera; pues es una raza pervertida, hijos sin lealtad.

[21] Me han dado celos con un dios que no es dios, me han irritado con sus ídolos vacíos. Pues yo les daré celos con un pueblo que no es pueblo, los irritaré con una nación necia.

[22] Se ha encendido el fuego de mi ira y quemará hasta el fondo del abismo; devorará la tierra y sus productos, incendiará los cimientos de las montañas.

[23] Amontonaré sobre ellos males, agotaré contra ellos mis flechas.

[24] Quedarán extenuados por el hambre, consumidos por la fiebre y la peste. Enviaré contra ellos los dientes de las fieras y el veneno de los reptiles que se arrastran por el polvo.

[25] Afuera, matará la espada; adentro, el espanto. Perecerán a la vez el muchacho y la muchacha, el niño de pecho y el anciano encanecido.

[26] Yo pensaba: Los reduciré a polvo, borraré de entre los hombres su memoria;

[27] pero me detenía que el enemigo pudiera burlarse, que los adversarios lo interpretaran mal y dijeran: «Somos nosotros los que hemos vencido, no es el Señor el que ha hecho todo esto».

[28] Y es que son un pueblo sin sentido, que no tiene cordura.

[29] Si fueran sabios lo comprenderían, sabrían intuir lo que les espera.

[30] Pues, ¿cómo puede uno solo perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil, sino porque los ha vendido su roca y el Señor los ha entregado?

[31] Pero su roca no es como nuestra Roca, lo saben bien nuestros enemigos,

[32] pues su cepa viene de la viña de Sodoma, sus sarmientos de los campos de Gomorra; uvas venenosas son sus uvas, racimos amargos sus racimos,

[33] su vino es veneno de serpiente, veneno mortal de víbora.

[34] Todo esto lo tengo yo presente, guardado en mi memoria,

[35] para el día de la venganza y de las represalias, para el tiempo en que tropiece su pie. Pues está cerca el día de su ruina, se precipita su desenlace.

[36] El Señor hará justicia a su pueblo, tendrá misericordia de sus siervos, cuando vea que se agota su fuerza, que no queda ya esclavo ni libre.

[37] Dirá entonces: ¿Dónde están sus dioses, la roca en la que buscaban refugio,

[38] los que comían la grasa de sus víctimas y bebían el vino de sus ofrendas? ¡Que se levanten y los socorran, y les brinden su protección!

[39] Vean ahora que yo soy el único Dios, que no hay otro dios fuera de mí. Yo doy la muerte y la vida, yo causo la herida y la curo, y no hay quien se libre de mi mano.

[40] Levanto mi mano al cielo y juro: Por mi vida, que es eterna,

[41] cuando yo afile mi espada reluciente y comience a impartir justicia, me vengaré de mis enemigos y daré su merecido a mis adversarios.

[42] Embriagaré de sangre mis flechas y mi espada se hartará de carne; sangre de heridos y cautivos, cabezas de jefes enemigos.

[43] ¡Alégrense, naciones, con su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, se vengará de sus enemigos, y perdonará a su tierra y a su pueblo!

[44] Moisés, acompañado de Josué, hijo de Nun, recitó completo este cántico en presencia del pueblo.

[45] Cuando Moisés acabó de recitar ante todo Israel este cántico,

[46] añadió: –Graben en su corazón todas estas palabras con las que hoy doy testimonio contra ustedes y manden a sus hijos que cumplan cuidadosamente todas las cláusulas de esta ley.

[47] No es cosa de poca importancia para ustedes, sino que en eso se juegan la vida, pues estas palabras harán que se prolonguen sus días en la tierra que van a tomar en posesión después de pasar el Jordán.

[48] Aquel mismo día el Señor habló a Moisés y le dijo:

[49] –Sube a la cima del Nebo, en la cordillera de Abarín, que está en tierra de Moab, enfrente de Jericó, y contempla la tierra de Canaán, que yo voy a dar en posesión a los israelitas.

[50] Morirás allí, en la montaña, e irás a reunirte con tus antepasados, como Aarón, tu hermano, que murió en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos.

[51] Porque desconfiaron de mí ante los israelitas en las aguas de Meribá, en Cadés, en el desierto de Sin; y porque no reconocieron mi santidad en medio de los israelitas,

[52] verás de lejos la tierra que yo doy a los hijos de Israel, pero no entrarás en ella.

Deuteronomio — Chapters