[1] Después cambiamos de dirección y subimos hacia Basán. Og, rey de Basán, nos salió al paso con toda su gente para presentarnos batalla en Edreí.
[2] El Señor me dijo: «No le tengas miedo, pues yo lo entrego en tu poder con todo su pueblo y su país. Trátalo como trataste a Sijón, rey de los amorreos, que vivía en Jesbón».
[3] El Señor nuestro Dios entregó también en nuestro poder a Og, rey de Basán, con todo su pueblo, y lo derrotamos sin dejar ni un sobreviviente.
[4] Entonces conquistamos todas sus ciudades sin dejar una: sesenta ciudades, toda la región de Argob, capital de Og en Basán;
[5] todas ellas fortificadas con altas murallas, puertas y cerrojos; sin contar otros muchos pueblos de los pereceos sin fortificar.
[6] Las consagramos al exterminio como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón; consagramos al exterminio ciudades, hombres, mujeres y niños,
[7] pero nos quedamos con los ganados y el botín de las ciudades.
[8] Así conquistamos entonces el país de los dos reyes amorreos al otro lado del Jordán, desde el torrente Arnón hasta el monte Hermón
[9] (los sidonios llaman Sarión al Hermón, y los amorreos le llaman Sanir):
[10] todas las ciudades de la meseta, todo Galaad y todo Basán hasta Seijá y Edreí, ciudades del reino de Og en Basán.
[11] (Og, rey de Basán, era el último de los refaítas. Su lecho de hierro, que se puede ver todavía en Rabat de los amonitas, mide cuatro metros y medio de largo por dos de ancho).
[12] Una vez que tomamos posesión de esa tierra, concedí a Rubén y a Gad la mitad de la montaña de Galaad: desde Aroer hasta el valle del Arnón.
[13] El resto de Galaad y todo Basán, el reino de Og, se lo di a la media tribu de Manasés. (Toda la región de Argob, todo Basán, es lo que se llama el país de los refaítas.
[14] Yaír, hijo de Manasés, se quedó con toda la región de Argob hasta la frontera de los guesuritas y de los maacatitas, y dio su nombre a estos poblados de Basán, llamándolos poblados de Yaír, que es como se llaman hasta hoy).
[15] A Maquir le di Galaad.
[16] A las tribus de Rubén y de Gad les di parte de Galaad: desde el cauce del torrente Arnón hasta el Yaboc, que delimita la frontera de los amonitas.
[17] El Arabá y el Jordán servían de frontera desde el lago de Genesaret hasta el mar de el Arabá, el mar Muerto, al pie de las faldas del Pisga, al este.
[18] Entonces les di esta orden: Puesto que el Señor su Dios les ha dado en posesión esta tierra, que los hombres fuertes, todos los guerreros, marchen delante de sus hermanos los israelitas.
[19] Sólo sus mujeres, sus hijos y sus ganados –sé que sus ganados son numerosos– se quedarán en las ciudades que les he dado,
[20] hasta que el Señor conceda el descanso a sus hermanos, como a ustedes, y tomen también ellos posesión de la tierra que el Señor su Dios les da al otro lado del Jordán. Después regresarán cada uno a la herencia que les he dado.
[21] Entonces di esta orden a Josué: Has visto con tus propios ojos lo que el Señor tu Dios ha hecho con estos dos reyes. Pues lo mismo hará el Señor con todos los reinos por donde vas a pasar.
[22] No les temas, porque el Señor su Dios combate con ustedes.
[23] Yo invoqué entonces al Señor:
[24] Señor Dios, tú has comenzado a mostrar a tu siervo la grandeza y el poder de tu brazo, pues ¿qué Dios hay en los cielos o en la tierra que haga obras o hazañas como las tuyas?
[25] Permite que pase, para que pueda ver esa buena tierra que está al otro lado del Jordán, esas hermosas montañas y el Líbano.
[26] Pero el Señor se indignó contra mí, y por culpa de ustedes no me escuchó, sino que me dijo: «¡Basta ya; no me hables más del asunto!
[27] Sube a la cima del Pisga. Extiende tu mirada hacia el oeste, el norte, el sur y el este, y contempla lo que ves, porque no pasarás el Jordán.
[28] Da instrucciones a Josué, dale ánimo y valor, pues él pasará al frente del pueblo, y él les dará en herencia la tierra que vas a ver».
[29] Y nos quedamos en el valle frente a Bet Peor.