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Ezequiel 26

[1] El año undécimo, el día primero del mes, recibí esta palabra del Señor:

[2] –Hijo de hombre, Tiro ha dicho de Jerusalén: «Se ha derrumbado la puerta de las naciones. Yo me estoy enriqueciendo mientras ella queda en ruinas».

[3] Pues así dice el Señor: Contra ti me dirijo, Tiro; contra ti levanto naciones numerosas como el mar levanta sus olas.

[4] Destruirán las murallas y las torres de Tiro. Barreré hasta el polvo de ella y la dejaré como roca desnuda.

[5] Será, en medio del mar, como un lugar para tender las redes, porque así lo he dicho yo. Oráculo del Señor. Tiro será presa de las naciones.

[6] Y sus poblados de tierra adentro, serán pasados a cuchillo. Y reconocerán que yo soy el Señor.

[7] Esto dice el Señor: –Traeré del norte contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros y jinetes, y gran número de tropas.

[8] Pasará a cuchillo a sus poblados de tierra adentro. Armará contra ti torres de asalto, levantará un terraplén y avanzará con sus escudos.

[9] Golpeará tus murallas con troncos y destruirá tus torres con sus máquinas.

[10] Cuando entre por tus puertas como se entra en una ciudad conquistada, la polvareda que levantarán sus caballos te cubrirá de polvo y al estrépito de sus jinetes y de las ruedas de sus carros temblarán tus murallas.

[11] Con los cascos de sus caballos pisará todas tus calles, pasará a cuchillo a tu pueblo y derribará tus fuertes columnas.

[12] Saquearán tus riquezas, robarán tus mercancías. Derruirán tus murallas, demolerán tus magníficas casas, tirarán al mar tus piedras, vigas y escombros.

[13] Haré enmudecer la melodía de tus canciones y no se volverá a oír la música de tus arpas.

[14] Haré de ti una roca pelada,

[15] Esto dice el Señor a Tiro: Ante el estruendo de tu caída, ante el gemido de tus heridos, ante la matanza que tendrá lugar en medio de ti, temblarán los pueblos lejanos.

[16] Los príncipes del mar bajarán de su trono, se quitarán sus mantos y sus adornadas vestiduras; se vestirán de luto, se sentarán en tierra; temblarán a cada instante y estarán consternados a causa de ti.

[17] Y entonarán por ti este canto fúnebre: ¡Cómo ha desaparecido de los mares, una ciudad tan famosa! Eras poderosa en el mar, y con tus habitantes infundías terror a todo el continente.

[18] Ahora los pueblos lejanos tiemblan en el día de tu caída, los pueblos del mar se espantan de tu fin.

[19] Esto dice el Señor: Te convertiré en desierto, como ciudad deshabitada; haré que te cubra el océano y te inunden aguas caudalosas.

[20] Te arrojaré con los muertos, con las gentes del pasado, y te haré habitar en las profundidades de la tierra, en el país de la eterna soledad. Te colocaré entre los muertos y no volverás a ser habitada ni a servir de adorno en la tierra de los vivos.

[21] Te haré motivo de espanto y no existirás más; te buscarán, pero no te encontrarán jamás. Oráculo del Señor.

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