[1] Recibí esta palabra del Señor:
[2] –Hijo de hombre, ¿en qué aventaja la madera de la parra a la de cualquier otro árbol del bosque?
[3] ¿Se utiliza esa madera para hacer algún trabajo o se fabrican con ella perchas para colgar cosas?
[4] Más bien se echa al fuego para que se consuma; el fuego consume sus dos puntas y el centro arde. ¿Vale, acaso, para algo más?
[5] Si cuando el tronco de la parra estaba intacto no se podía hacer nada con él; ¡cuánto menos se podrá hacer después que el fuego lo ha quemado y consumido!
[6] Por eso, así dice el Señor: Igual que he echado al fuego para que se consuma el tronco de la parra, que es el árbol de fruto más preciado entre los árboles del bosque, así arrojaré a los habitantes de Jerusalén.
[7] Me enfrentaré con ellos. Han escapado del fuego, pero el fuego los devorará. Y reconocerán que yo soy el Señor, cuando me enfrente a ellos.
[8] Convertiré el país en un desierto, porque han obrado perversamente. Oráculo del Señor.