[1] Samuel dijo a Saúl: –El Señor me envió para ungirte como rey de su pueblo Israel. Escucha, pues, las palabras del Señor.
[2] Así dice el Señor todopoderoso: He resuelto castigar a Amalec por lo que hizo a Israel, cerrándole el paso cuando subía de Egipto.
[3] Así que vete, castiga a Amalec y consagra sin piedad al exterminio todas sus pertenencias; mata hombres y mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y burros.
[4] Saúl convocó al pueblo y le pasó revista en Telán: eran doscientos mil de infantería y diez mil hombres de Judá.
[5] Saúl avanzó hasta la capital de Amalec y puso una emboscada en el valle.
[6] Envió este mensaje a los quenitas: «Apártense, salgan de Amalec, para que no los destruya con ellos, pues ustedes trataron bien a todos los israelitas cuando subían de Egipto». Y los quenitas se apartaron de Amalec.
[7] Saúl derrotó a Amalec desde Javilá hasta la entrada de Suf, que está frente a Egipto.
[8] Capturó vivo a Agag, rey de Amalec, y consagró al exterminio a todo el pueblo, pasándolo a filo de espada.
[9] Pero Saúl y su ejército perdonaron tanto a Agag como a lo más selecto de su rebaño, a las vacas, a las crías de un año, a los corderos y a todo lo mejor, y no quisieron consagrarlo al exterminio, sino que destruyeron todo lo que no valía nada y los objetos de poco valor.
[10] El Señor dirigió esta palabra a Samuel:
[11] –Me pesa haber hecho a Saúl rey de Israel, porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis órdenes. Samuel se entristeció y estuvo toda la noche suplicando al Señor.
[12] Se levantó temprano para ir al encuentro de Saúl, y le dieron esta información: –Saúl ha ido al Carmelo, ha erigido un monumento; después ha regresado dando un rodeo y ha bajado a Guilgal.
[13] Llegó Samuel donde estaba Saúl, y éste le dijo: –¡Qué el Señor te bendiga! He cumplido la orden del Señor.
[14] Samuel preguntó: –¿Qué es ese balar de ovejas y esos mugidos de vacas que estoy oyendo?
[15] Respondió Saúl: –Las han traído de Amalec, pues el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios; lo demás lo hemos consagrado al exterminio.
[16] Samuel dijo a Saúl: –Deja que te comunique lo que el Señor me ha dicho esta noche. Saúl le dijo: –Habla.
[17] Continuó Samuel: –¿No es cierto que, a pesar de considerarte a ti mismo insignificante, eres el jefe de todas las tribus de Israel, y que el Señor te ungió como rey de Israel?
[18] El Señor te mandó a esta expedición ordenándote: «Vete y consagra al exterminio a esos pecadores amalecitas, y hazles la guerra hasta acabar con ellos».
[19] ¿Por qué no has obedecido la orden del Señor? ¿Por qué te has lanzado sobre el botín, haciendo lo que desagrada al Señor?
[20] Respondió Saúl: –¡Yo he obedecido la orden del Señor! Fui a la expedición a la que él me mandó, traje a Agag, rey de Amalec y consagré al exterminio a los amalecitas.
[21] Sólo que la gente reservó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo que estaba consagrado al exterminio, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal.
[22] Samuel respondió: ¿Acaso no se complace más el Señor en la obediencia a su palabra que en holocaustos y sacrificios? La obediencia vale más que el sacrificio; y la docilidad, más que la grasa de carneros.
[23] La rebeldía es como un pecado de superstición; y la arrogancia, como un crimen de idolatría. Por haber rechazado la palabra del Señor, él te rechaza a ti como rey.
[24] Entonces Saúl reconoció ante Samuel: –He pecado, he desobedecido la orden del Señor y tus palabras, pues temí al pueblo y le hice caso.
[25] Ahora te suplico que perdones mi pecado; regresa conmigo, y me postraré ante el Señor.
[26] Samuel le respondió: –No regresaré contigo, porque has rechazado la palabra del Señor, y el Señor te ha rechazado a ti como rey de Israel.
[27] Cuando Samuel se dio vuelta para irse, Saúl se agarró al borde de su manto, que se rasgó,
[28] y Samuel le dijo: –El Señor ha rasgado hoy tu reinado sobre Israel y se lo entrega a otro mejor que tú;
[29] y además, la Gloria de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es él un hombre para arrepentirse.
[30] Suplicó Saúl: –He pecado, pero salva mi honor ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel, y regresa conmigo para que yo adore al Señor, tu Dios.
[31] Samuel regresó con Saúl, y éste adoró al Señor.
[32] Después dijo Samuel: –Tráiganme a Agag, rey de Amalec. Agag iba hacia él con paso muy tranquilo, pensando: «Parece que pasó la amargura de la muerte».
[33] Pero Samuel le dijo: –Como tu espada dejó sin hijos a tantas madres, así tu madre quedará, entre las mujeres, privada de su hijo. Y Samuel degolló a Agag ante el Señor en Guilgal.
[34] Después Samuel se fue a Ramá, y Saúl regresó a su casa en Guibeá de Saúl.
[35] Samuel no vio más a Saúl hasta el día de su muerte, pero se lamentaba por Saúl, porque el Señor se había arrepentido de haberlo hecho rey de Israel.