[1] Un día Jonatán, hijo de Saúl, propuso a su escudero: –Vamos a pasar hasta el destacamento filisteo, que está al otro lado. Pero no dijo nada a su padre.
[2] Saúl estaba en el terrritorio de Guibeá, debajo del granado que hay en Magrón; su tropa era de seiscientos hombres.
[3] Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Pinjás, hijo de Elí, sacerdote del Señor en Siló, llevaba el efod. La tropa tampoco sabía que Jonatán se había ido.
[4] Entre los barrancos por los que Jonatán intentaba llegar hasta el destacamento filisteo había dos salientes rocosos, uno a cada lado; se llamaban Boses y Sene.
[5] Uno de los salientes está al norte, frente a Micmás, y el otro al sur, frente a Guibeá.
[6] Jonatán dijo a su escudero: –Ven y crucemos hacia el destacamento de esos incircuncisos. Quizá el Señor nos ayude, porque el Señor puede dar la victoria con muchos o con pocos.
[7] Su escudero le respondió: –Haz lo que estás pensando; yo estoy a tu disposición.
[8] Jonatán insistió: –Mira, vamos a cruzar hacia donde están esos hombres para que nos vean.
[9] Si nos dicen: «¡Alto ahí, hasta que lleguemos donde están ustedes!», nos quedaremos donde estamos sin subir hacia ellos.
[10] Pero si nos dicen: «Suban hasta nosotros», entonces subiremos; esa será la señal de que el Señor los ha entregado en nuestro poder.
[11] Los dos se dejaron ver por el destacamento filisteo, y éstos dijeron: –Miren, unos hebreos que salen de las cuevas donde se habían escondido.
[12] Los hombres del destacamento, dirigiéndose a Jonatán y a su escudero, les dijeron: –Suban hasta donde estamos nosotros, tenemos algo que comunicarles. Jonatán dijo a su escudero: –Sube detrás de mí, porque el Señor los ha entregado en poder de Israel.
[13] Jonatán subió gateando, seguido de su escudero. Los filisteos caían ante Jonatán, y su escudero los remataba.
[14] Esta primera matanza que hicieron Jonatán y su escudero fue de unos veinte hombres, en muy poco espacio.
[15] El pánico cundió en el campamento, en la región y entre la gente. También el destacamento y el cuerpo de ataque fueron presa del miedo. La tierra tembló, y se produjo un pánico terrible.
[16] Desde Guibeá de Benjamín los centinelas de Saúl vieron que la multitud se dispersaba en todas las direcciones.
[17] Entonces Saúl dijo a sus tropas: –Pasen revista y vean quién se ha separado de nosotros. Pasaron revista, y faltaban Jonatán y su escudero.
[18] Entonces Saúl dijo a Ajías: –Traigan el arca de Dios. Porque aquel día estaba el arca de Dios con los israelitas.
[19] Mientras Saúl hablaba con el sacerdote, el tumulto iba creciendo en el campamento de los filisteos. Y Saúl dijo al sacerdote: –Retira tu mano.
[20] Luego Saúl y toda su gente se reunieron y avanzaron hasta el lugar del combate. Allí vieron que los filisteos se atacaban unos a otros, y que la confusión era inmensa.
[21] Los hebreos que estaban desde hace tiempo con los filisteos y que habían subido con ellos al campamento, regresaron también para ponerse al lado de los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán.
[22] Y todos los hombres de Israel que se habían escondido en las montañas de Efraín, al oír que los filisteos habían huido, se pusieron también a perseguirlos.
[23] Así el Señor dio la victoria aquel día a Israel. La batalla llegó hasta Bet Avén.
[24] Los hombres de Israel estaban agotados aquel día, pues Saúl había hecho jurar al pueblo: –¡Maldito el hombre que tome alimento antes de la tarde, hasta que yo me haya vengado de mis enemigos! Y nadie había comido nada.
[25] Todo el pueblo llegó al bosque, donde había mucha miel en el suelo.
[26] Al entrar en el bosque, vieron los chorros de miel, pero nadie se la llevó a la boca, por temor al juramento hecho.
[27] Jonatán no había oído el juramento impuesto por su padre al pueblo y, alargando la punta de su bastón, lo metió en un panal de miel, se lo llevó a la boca y le brillaron los ojos.
[28] Uno le dijo: –Tu padre ha hecho jurar al pueblo: «¡Maldito el hombre que tome alimento hoy!». Y el pueblo se encuentra muy débil.
[29] Jonatán respondió: –Mi padre ha perjudicado al país; miren cómo me brillan los ojos con sólo probar un poco de miel.
[30] Seguro que si el pueblo hubiera comido hoy del botín que encontró entre sus enemigos, la derrota de los filisteos habría sido mayor.
[31] Aquel día los israelitas derrotaron a los filisteos desde Micmás hasta Ayalón, pero el pueblo estaba muy débil,
[32] y por eso se lanzó sobre el botín, se apoderó de ovejas, bueyes y terneros, los degolló en el suelo y comió la carne con su sangre.
[33] Cuando contaron a Saúl que el pueblo estaba pecando contra el Señor por comer carne con su sangre, dijo: –¡Han sido infieles! Acerquen hasta aquí una piedra grande.
[34] Y añadió: –Dispérsense entre el pueblo y díganles que cada uno me traiga su buey y su oveja para sacrificarlos aquí; después los comerán, pero no pequen contra el Señor comiendo la carne con su sangre. Aquella noche llevó cada uno su propia res y la sacrificaron allí.
[35] Y Saúl construyó un altar al Señor. (Fue el primer altar que construyó en honor del Señor).
[36] Después dijo: –Esta noche bajaremos contra los filisteos y los saquearemos hasta que amanezca, sin dejar ni un solo sobreviviente. Le respondieron: –Haz lo que te parezca bien. Pero el sacerdote dijo: –Consultemos a Dios aquí mismo.
[37] Saúl consultó a Dios: –¿Debo bajar contra los filisteos? ¿Los entregarás en poder de Israel? Pero aquel día no le respondió.
[38] Entonces dijo Saúl: –Acérquense aquí todos los jefes del pueblo. Investiguen y averiguen quién ha pecado hoy.
[39] Porque les juro por el Señor, el salvador de Israel, que aunque se trate de mi hijo Jonatán, morirá irremediablemente.
[40] Ninguno del pueblo respondió nada. Entonces dijo Saúl a todo Israel: –Pónganse ustedes a un lado, y yo y mi hijo Jonatán nos pondremos al otro. El pueblo respondió: –Haz lo que te parezca bien.
[41] Y Saúl suplicó al Señor: –Dios de Israel, da a conocer la verdad. Cayó la suerte en Jonatán y en Saúl, y el pueblo quedó libre.
[42] Saúl dijo: –Echen la suerte entre mi hijo Jonatán y yo. Y cayó la suerte en Jonatán.
[43] Entonces Saúl preguntó a Jonatán: –Dime qué has hecho. Respondió: –He probado sólo un poco de miel con la punta de mi bastón. Aquí estoy, dispuesto a morir.
[44] Saúl dijo: –Que Dios me castigue si no mueres, Jonatán.
[45] Pero el pueblo dijo a Saúl: –¿Va a morir Jonatán, que ha conseguido esta gran victoria para Israel? De ninguna manera. Por el Señor, que no caerá a tierra un solo cabello de su cabeza, porque la hazaña de hoy la ha realizado con la ayuda de Dios. Así salvó el pueblo a Jonatán y no murió.
[46] Saúl dejó de perseguir a los filisteos, y éstos regresaron a su país.
[47] Después de ser proclamado rey sobre Israel, Saúl hizo la guerra a todos sus enemigos de alrededor: a Moab, a los amonitas, a Edom, al rey de Sobá y a los filisteos. Y en todas las campañas salía victorioso.
[48] Hizo verdaderas proezas: derrotó a Amalec y libró a Israel de quienes lo asaltaban.
[49] Los hijos de Saúl fueron: Jonatán, Yisví y Melquisúa; sus dos hijas se llamaban Merob, la mayor, y Micol la pequeña.
[50] El nombre de la mujer de Saúl era Ajinoán, hija de Ajimá; y el general de su ejército se llamaba Abner, hijo de Ner, tío de Saúl.
[51] Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel.
[52] Durante toda la vida de Saúl la guerra contra los filisteos fue encarnizada. Saúl reclutaba para sí a todos los hombres fuertes y valientes que encontraba.