[1] Mientras yo escuchaba Dios gritó con voz fuerte: «¡Que traigan los verdugos de la ciudad! ¡Cada uno traiga su arma!»
[2] Entonces por la entrada superior que da al norte, aparecieron seis hombres llevando garrotes. Uno de ellos estaba vestido de lino con un estuche de escriba en la cintura. Entraron y se pararon cerca del altar de bronce.
[3] En ese momento la gloria de Dios de Israel salió del lugar junto a los querubines donde antes había permanecido y quedó suspendida en umbral del templo. Entonces llamó al hombre que estaba vestido de lino y que llevaba un estuche de escriba en la cintura.
[4] El SEÑOR le dijo: «Ve por toda la ciudad de Jerusalén y coloca una señal en la frente de todos los que giman y se lamenten por todas las atrocidades que se están cometiendo».
[5] Oí que a los demás les dijo: «Vayan detrás de él y maten a todos los que no tengan la señal en la frente. ¡No tengan piedad ni compasión!
[6] Maten a los ancianos y a los jóvenes, a las muchachas, a los niños y a las mujeres, pero no les hagan ningún daño a los que llevan la señal en la frente. Empiecen por aquí en el templo». Así que empezaron con los ancianos líderes que estaban al frente del templo.
[7] Luego les dijo: «Profanen el templo con la sangre de estos hombres y llenen el patio de cadáveres. Luego salgan a la ciudad y maten a todos los que no tengan la señal».
[8] Así que cuando mataron a todos, sólo yo quedé. Rápidamente me postré rostro en tierra y dije: «Ay Señor DIOS, ¿vas a destruir lo que queda de Israel al desatar tu ira contra Jerusalén?»
[9] Él me dijo: «La culpa de Israel y Judá es demasiado grande, la tierra está llena de sangre y la ciudad llena de injusticia. Ellos dicen: “El SEÑOR ha abandonado esta tierra y no ve el SEÑOR lo que está pasando”.
[10] Así que yo no tendré piedad ni compasión. Los castigaré por lo que han hecho».
[11] Entonces el hombre vestido de lino con el estuche de escriba en la cintura respondió: «He hecho todo lo que me ordenaste».