[1] El Señor dijo a Josué:
[2] –Di a los israelitas: elijan las ciudades de refugio, de que les hablé por medio de Moisés.
[3] Los homicidas que hayan matado a alguien sin premeditación podrán refugiarse en ellas, para escapar del vengador de sangre.
[4] El homicida huirá a una de estas ciudades, se detendrá a la entrada de la puerta y expondrá su caso a los ancianos de la ciudad. Estos lo recibirán en la ciudad y le proporcionarán una casa para que viva con ellos.
[5] Si el vengador de sangre lo persigue, no lo entregarán, porque mató a su prójimo sin querer, sin haberlo odiado antes.
[6] Vivirá en esa ciudad, mientras no comparezca a juicio ante la comunidad, hasta la muerte del sumo sacerdote en funciones. Y luego podrá regresar a su casa, a la ciudad de donde había huido.
[7] Eligieron: Cadés de Galilea, en las montañas de Neftalí; Siquén, en las montañas de Efraín; Quiriat Arbá, o sea, Hebrón, en las montañas de Judá.
[8] Al otro lado del Jordán, al este de Jericó, Bosor, en la llanura desértica de la tribu de Rubén; Ramot de Galaad, de la tribu de Gad, y Golán, en Basán, de la tribu de Manasés.
[9] Estas fueron las ciudades asignadas a los israelitas y a los extranjeros residentes como ciudades de refugio, para que si alguien mataba a otro sin premeditación, no muriera a manos del vengador de sangre sin haber comparecido ante la comunidad.