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Exodo 8

[1] El Señor dijo a Moisés: –Manda a Aarón: «Extiende el bastón que tienes en tu mano sobre los ríos, canales y estanques para que se llene de ranas la tierra de Egipto».

[2] Extendió Aarón su mano sobre las aguas de Egipto y surgió tal cantidad de ranas, que cubrieron el país de Egipto.

[3] Pero los magos hicieron lo mismo con sus artes de magia, consiguiendo que surgieran ranas por todo el país.

[4] Entonces el faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: –Pidan al Señor que aleje las ranas de mí y de mi pueblo, y yo dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor.

[5] Moisés preguntó al faraón: –¿Cuándo quieres que ruegue por ti, por tus ministros y por todo el pueblo para que el Señor aleje de ti y de tu pueblo las ranas, y solamente queden en el río?

[6] El respondió: –Mañana. Y Moisés añadió: –Así se hará, para que reconozcas que no hay nadie como el Señor, nuestro Dios.

[7] Las ranas se alejarán de ti y de tu palacio, de tus ministros y de todo el pueblo; solamente quedarán en el Nilo.

[8] Salieron Moisés y Aarón de la presencia del faraón, y Moisés suplicó al Señor para que se cumpliera la promesa que había hecho al faraón.

[9] El Señor hizo lo que le pedía Moisés, y las ranas murieron en las casas, en los establos y en los campos.

[10] Las reunieron en grandes montones. La tierra quedó apestada.

[11] Pero el faraón, viendo que mejoraba la situación, continuó con el corazón endurecido y no hizo caso a Moisés y a Aarón, como había dicho el Señor.

[12] El Señor dijo a Moisés: –Di a Aarón: «Extiende tu bastón y golpea el polvo de la tierra para que se convierta en mosquitos por todo el país de Egipto».

[13] Así lo hicieron. Aarón extendió el bastón que tenía en la mano, golpeó el polvo de la tierra, y nubes de mosquitos se precipitaron sobre hombres y animales. Todo el polvo del suelo se convirtió en mosquitos por todo el país de Egipto.

[14] Los magos intentaron hacer lo mismo con sus artes de magia, pero no lo lograron. Y los mosquitos molestaban sin parar a hombres y animales.

[15] Los magos dijeron al faraón: –¡Esto es obra del poder de Dios! Pero el faraón seguía con el corazón endurecido y no los escuchó, como había dicho el Señor.

[16] El Señor dijo a Moisés: –Levántate temprano mañana, preséntate al faraón cuando se dirija al río, y dile: Así dice el Señor: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.

[17] Si no lo dejas salir, enviaré sobre ti y sobre tus ministros, sobre tu pueblo y sobre tu familia tábanos que llenarán las casas de los egipcios y el suelo que pisan.

[18] Esta vez, sin embargo, voy a hacer una excepción con la región de Gosen, donde habita mi pueblo; allí no habrá tábanos, para que reconozcas que yo, el Señor, estoy presente en esta tierra.

[19] Distinguiré a mi pueblo del tuyo. Esta señal tendrá lugar mañana.

[20] El Señor cumplió su advertencia, y nubes de tábanos invadieron el palacio del faraón y las de sus ministros. Toda la tierra de Egipto quedó destruida por los tábanos.

[21] Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: –Vayan y ofrezcan sacrificios a su Dios en este país.

[22] Contestó Moisés: –No puede ser, pues ofreceríamos al Señor, nuestro Dios, sacrificios que repugnan a los egipcios; y si ofrecemos ante los egipcios sacrificios que les repugnan ¿no nos apedrearían?

[23] Tenemos que ir por el desierto tres jornadas de camino, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios, según nos ha ordenado.

[24] El faraón contestó: –Bien, los dejaré ir al desierto a ofrecer sacrificios al Señor, su Dios, pero a condición de que no se alejen demasiado. ¡Rueguen por mí!

[25] Y Moisés repuso: –En cuanto salga de tu presencia rogaré por ti al Señor y mañana se alejarán los tábanos de ti, de tus ministros y de tu pueblo. Pero a ver si esta vez el faraón no nos engaña, y deja que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios al Señor.

[26] Salió Moisés de la presencia del faraón y rogó al Señor.

[27] El Señor accedió a la súplica de Moisés, y los tábanos se alejaron del faraón, de sus ministros y de su pueblo. No quedó ni uno.

[28] Pero una vez más el faraón continuó con el corazón endurecido y no dejó salir al pueblo.

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