[1] Viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar de la montaña, se reunió ante Aarón y le hizo esta petición: –¡Anímate!, fabrícanos un dios que nos guíe, porque no sabemos qué habrá sido de ese Moisés que nos sacó del país de Egipto.
[2] Aarón les contestó: –Que sus mujeres, sus hijos y sus hijas se quiten los aretes de oro que llevan en sus orejas y me los traigan.
[3] Todos se quitaron los aretes de oro que llevaban en las orejas y se los llevaron a Aarón;
[4] éste los recibió de sus manos, los trabajó con el cincel y fabricó un becerro fundido. Ellos exclamaron: –Israel, éste es tu dios, el que te sacó de Egipto.
[5] Aarón lo vio y construyó un altar delante del becerro. Después proclamó: –Mañana celebraremos una fiesta en honor del Señor.
[6] Al día siguiente, se levantaron muy de mañana, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. La gente comió y bebió abundantemente, y luego comenzó a divertirse.
[7] El Señor dijo a Moisés: –Baja en seguida porque se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto.
[8] Muy pronto se han apartado del camino que les señalé, pues se han fabricado un becerro de metal fundido, se están postrando ante él, le ofrecen sacrificios y repiten: «Israel, éste es tu dios, el que te sacó de Egipto».
[9] Y añadió el Señor: –Me estoy dando cuenta de que ese pueblo es un pueblo terco.
[10] Déjame; voy a desahogar mi rabia contra ellos y los aniquilaré. A ti, sin embargo, te convertiré en padre de una gran nación.
[11] Moisés suplicó al Señor, su Dios, diciendo: –Señor, ¿por qué se va a desahogar tu rabia contra tu pueblo, al que tú sacaste de Egipto con tan gran fuerza y poder?
[12] ¿Vas a permitir que digan los egipcios: «Los sacó con mala intención, para matarlos en las montañas y borrarlos de la superficie de la tierra»? Calma tu enojo y arrepiéntete de haber querido hacer el mal a tu pueblo.
[13] Recuerda a Abrahán, a Isaac y a Israel, tus servidores, a quienes juraste por tu honor y les prometiste: «Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y daré a sus descendientes esa tierra de la que les hablé, para que la posean en herencia perpetua».
[14] Y el Señor se arrepintió del mal que había querido hacer a su pueblo.
[15] Moisés regresó de la montaña con las dos tablas del testimonio en su mano. Las tablas estaban escritas por ambas caras, por un lado y por otro;
[16] eran obra divina, y la escritura grabada sobre las tablas era escritura divina.
[17] Josué, escuchando el griterío del pueblo, dijo a Moisés: –Hay gritos de guerra en el campamento.
[18] Moisés contestó: –Ni es grito de vencedores, ni es lamento de vencidos; lo que oigo son cantos de fiesta.
[19] Cuando estaban ya cerca del campamento, Moisés vio el becerro y las danzas; su ira se desató, arrojó las tablas y las rompió al pie de la montaña.
[20] Tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego; lo molió hasta que lo hizo polvo y lo mezcló con agua, y obligó a los israelitas a que se lo bebieran.
[21] Después Moisés interrogó a Aarón: –¿Qué te ha hecho esta gente para que les permitieras cometer tan gran pecado?
[22] Aarón le respondió: –No te enojes, señor, tú sabes que este pueblo está inclinado al mal.
[23] Me dijeron: «Fabrícanos un dios que nos guíe, porque no sabemos qué habrá sido de ese Moisés que nos sacó del país de Egipto».
[24] Yo les respondí: «Quien tenga oro que lo entregue»; y me lo dieron. Entonces lo eché al fuego y salió este becerro.
[25] Moisés se dio cuenta de que el pueblo estaba sin control por culpa de Aarón, que lo había expuesto a ser la burla de sus enemigos.
[26] Entonces Moisés se paró a la entrada del campamento y gritó: –¡Conmigo los del Señor! Y todos los levitas se le unieron.
[27] El les ordenó: –Esto dice el Señor, Dios de Israel: Que cada uno se arme con su espada y recorra el campamento, que lo revise de puerta en puerta y ejecute a los culpables, incluso a su propio hermano, su amigo o su pariente.
[28] Los levitas cumplieron la orden de Moisés y aquel día fueron ejecutados unos tres mil hombres del pueblo.
[29] Moisés les dijo: –Hoy se han consagrado como sacerdotes del Señor, porque lo han puesto por encima de su hijo y su hermano; por esto el Señor les otorga hoy la bendición.
[30] Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: –Ustedes han cometido un pecado gravísimo; sin embargo voy a subir adonde está el Señor, a ver si consigo el perdón de este pecado.
[31] Regresó Moisés ante el Señor y le dijo: –Señor, este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose divinidades de oro.
[32] Pero te ruego que perdones su pecado; si no lo haces, bórrame del libro donde tienes inscritos a los tuyos.
[33] El Señor respondió a Moisés: –Borro de mi libro a quien peca contra mí.
[34] Ahora vete y conduce al pueblo adonde te he dicho. Mi ángel te acompañará. Pero cuando llegue el día de rendirme cuentas tendrán que responder de sus pecados.
[35] El Señor acabó castigando al pueblo por haber obligado a Aarón a fabricarles el becerro.