[1] Entonces José fue y le contó al rey. Le dijo: —Mi papá, mis hermanos, sus rebaños, su ganado, y todo lo que tienen, llegaron de la tierra de Canaán y están en la tierra de Gosén.
[2] José llevó a cinco de sus hermanos y se los presentó al faraón.
[3] El faraón les dijo a los hermanos: —¿En qué trabajan ustedes? Ellos le respondieron: —Nosotros, sus siervos, somos pastores tal como nuestros antepasados.
[4] Luego le dijeron al faraón: —Hay mucha hambre en la tierra de Canaán. No quedan campos que tengan pasto para nuestros animales. Por eso nos vinimos a vivir aquí, le rogamos que nos deje quedarnos a vivir en Gosén.
[5] Luego el faraón le dijo a José: —Tu papá y tus hermanos vinieron a buscarte.
[6] La tierra de Egipto está a tu disposición. Acomoda a tu papá y a tus hermanos en la mejor parte de la tierra. Deja que vivan en la tierra de Gosén. Si tú sabes que hay entre ellos hombres diestros, ponlos a cargo de mi ganado.
[7] Después José llevó a su papá, Jacob, y se lo presentó al faraón. Jacob bendijo al rey.
[8] El faraón le preguntó: —¿Cuántos años tienes?
[9] Jacob le respondió: —Sólo he vivido ciento treinta años, una vida muy corta y con muchas dificultades. Mis antepasados vivieron muchos más años que yo.
[10] Luego Jacob bendijo al faraón y se fue.
[11] José instaló a su papá y a sus hermanos. Les dio la mejor tierra de Egipto, en la tierra de Ramsés, tal como el faraón se lo había ordenado.
[12] José les dio comida a su papá y a sus hermanos, incluso a los más pequeños.
[13] Había mucha hambre. No había comida en ninguna parte. Por lo tanto, debido al hambre, las tierras de Egipto y Canaán se sumieron en la pobreza.
[14] Entonces José recolectó todo el dinero que había en la tierra de Canaán y en la tierra de Egipto que le pagaron a cambio del trigo que compraron. José llevó el dinero a la casa del faraón.
[15] Cuando se acabó todo el dinero en Canaán y Egipto, los egipcios fueron a ver a José y le dijeron: —Denos comida. Ya se nos acabó todo el dinero, si no nos da comida moriremos frente a sus ojos.
[16] Entonces José dijo: —Denme sus rebaños. Si se les acabó el dinero, les daré comida a cambio de sus rebaños.
[17] La gente le llevó sus rebaños a José, y él les dio comida a cambio de sus caballos, sus rebaños de ovejas, su ganado y sus burros. Ese año les dio comida a cambio de todos sus animales.
[18] Cuando se acabó el año, la gente volvió y le dijo: —Usted sabe, señor, que se nos acabó el dinero y que ya le dimos todos nuestros animales. Sólo nos quedan nuestros cuerpos y nuestras tierras.
[19] Con seguridad moriremos frente a sus ojos. Cómprenos a nosotros y nuestras tierras a cambio de comida. Nosotros nos convertiremos en esclavos del faraón y nuestras tierras también le pertenecerán a él. Suminístrenos semillas para sembrar, así podremos sobrevivir y la tierra no se convertirá en un desierto.
[20] Entonces José compró toda la tierra de Egipto para el faraón. Todos los egipcios vendieron sus campos porque tenían mucha hambre. Y la tierra pasó a ser del faraón.
[21] Hizo que toda la gente, de un extremo a otro de Egipto, se convirtiera en esclavos del faraón.
[22] La única tierra que no compró era la de los sacerdotes. Los sacerdotes no necesitaban vender su tierra porque el faraón les pagaba por su trabajo, y ellos usaban ese dinero para comprar comida.
[23] José le dijo a la gente: —Hoy los compré a ustedes y a sus tierras para el faraón. Aquí tienen las semillas, vayan y siémbrenlas.
[24] Pero en tiempo de cosecha deben darle al faraón una quinta parte de lo que recojan. Las otras cuatro partes serán de ustedes. Tendrán semillas para sembrar y comida para ustedes, sus familiares y sus hijos.
[25] La gente dijo: —¡Nos salvó la vida! Si usted quiere, señor, seremos esclavos del faraón.
[26] Entonces José estableció una ley que aún rige en Egipto: una quinta parte de las cosechas le pertenece al faraón. La única tierra que no es de él es la de los sacerdotes.
[27] Israel se quedó a vivir en Egipto, en la tierra de Gosén. Allí compraron tierras, tuvieron muchos hijos y la familia se volvió muy grande.
[28] Jacob vivió diecisiete años en la tierra de Egipto. Vivió hasta los ciento cuarenta y siete años de edad.
[29] Cuando se acercó la hora en que Israel debía morir, llamó a su hijo José y le dijo: —Si en verdad me amas, pon tu mano bajo mi muslo y prométeme que vas a hacer lo que te digo: por favor no me entierres en Egipto.
[30] Cuando vaya a descansar junto con mis antepasados, sácame de Egipto y entiérrame en el sepulcro de ellos. Entonces José le dijo: —Haré lo que me pides.
[31] Luego Israel dijo: —Prométemelo. José lo prometió e Israel se recostó sobre la cabecera de la cama.