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[1] Jacob se quedó a vivir en la tierra de Canaán, la tierra en la que había vivido su papá.

[2] Esta es la historia de la familia de Jacob. José tenía diecisiete años y cuidaba los rebaños con sus hermanos. Les ayudaba a los hijos de Bilhá y de Zilpá, las esposas de su papá. José le contaba a su papá los males que hacían sus hermanos.

[3] Israel quería a José más que a sus otros hijos porque había nacido cuando él estaba muy viejo. Israel le hizo una túnica muy distinguida.

[4] Sus hermanos se dieron cuenta de que su papá amaba a José más que a ellos. Por esa razón lo odiaban y no podían decirle ni una palabra amable.

[5] José tuvo un sueño, se lo contó a sus hermanos y ellos lo odiaron todavía más.

[6] José les dijo: —Oigan este sueño que tuve.

[7] Estábamos juntos amarrando manojos de trigo en la mitad del campo. De repente mi manojo se levantó y quedó derecho. Después sus manojos rodearon el mío y le hicieron reverencias.

[8] Entonces sus hermanos le dijeron: —¿Será que vas a ser nuestro rey? ¿Será que nos vas a gobernar? Ahora sus hermanos lo odiaban aún más debido a sus sueños y a la forma en que los contaba.

[9] Después José tuvo otro sueño y también se lo contó a sus hermanos. Les dijo: —Miren, volví a tener otro sueño: el sol, la luna y once estrellas me hacían reverencias.

[10] Cuando les contó esto a su papá y a sus hermanos, su papá lo regañó y le dijo: —¿Qué clase de sueño es ese que tuviste? ¿Acaso es cierto que yo, tu mamá y tus hermanos vamos a postrarnos ante ti?

[11] Sus hermanos estaban celosos de él, pero su papá pensaba mucho en este asunto.

[12] Un día los hermanos salieron a apacentar los rebaños del papá, en Siquén.

[13] Entonces Israel le dijo a José: —Tus hermanos están cuidando los rebaños en Siquén, ven que te voy a mandar a donde están ellos. José le respondió: —Ya estoy listo para ir.

[14] Entonces Israel le dijo a José: —Ve ahora y date cuenta si todo está bien allá con tus hermanos y los rebaños. Después vuelve y me cuentas. Así lo mandó desde el valle de Hebrón hasta Siquén.

[15] Un hombre encontró a José perdido en el campo, y le preguntó: —¿Qué estás buscando?

[16] José le respondió: —Estoy buscando a mis hermanos, hazme el favor de decirme dónde están ellos apacentando los rebaños.

[17] El hombre dijo: —Ellos ya se fueron de aquí. Yo los oí decir: “Vámonos a Dotán”. Entonces José se fue a buscar a sus hermanos y los encontró en Dotán.

[18] Los hermanos lo vieron venir desde muy lejos. Antes de que él llegara, hicieron un plan para matarlo.

[19] Se dijeron unos a otros: —Miren, ¡aquí viene el de los sueños!

[20] Vamos matémoslo y arrojemos su cuerpo en uno de los pozos secos, luego diremos que lo devoró un animal salvaje. Así veremos si se le cumplen los sueños.

[21] Cuando Rubén escuchó esto, trató de librarlo de sus hermanos y dijo: —No lo matemos.

[22] ¡No derramemos sangre! Tírenlo en este pozo del desierto, pero no le hagan daño. Rubén dijo esto para poderlo salvar y enviarlo de regreso a su papá.

[23] Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la túnica larga con mangas que tenía puesta.

[24] Después lo agarraron y lo lanzaron al pozo. El pozo estaba vacío, no tenía ni una gota de agua.

[25] Luego los hermanos se sentaron a comer y vieron un grupo de ismaelitas que venían de Galaad. Sus camellos cargaban aromas, bálsamo y mirra. Iban camino a Egipto.

[26] Judá les dijo a sus hermanos: —¿Qué ganamos con matar y esconder la muerte de nuestro hermano?

[27] Mejor, vayamos y vendámoslo a los ismaelitas. No le hagamos daño, él es nuestro hermano y tiene nuestra misma sangre. Todos los hermanos estuvieron de acuerdo.

[28] Cuando los comerciantes madianitas pasaron por ahí, ellos sacaron a José del pozo y lo vendieron por veinte monedas de plata a los ismaelitas, quienes luego llevaron a José a Egipto.

[29] Cuando Rubén regresó al pozo, se dio cuenta de que José ya no estaba adentro, entonces rasgó su ropa para mostrar su tristeza.

[30] Después regresó donde estaban sus hermanos y dijo: —¡El muchacho ya no está! ¿Qué vamos a hacer?

[31] Los hermanos mataron una cabra, agarraron la túnica de José y la mancharon con sangre.

[32] Después los hermanos le llevaron la túnica larga con mangas al papá y le dijeron: «Encontramos esto, mira a ver si es la túnica de tu hijo».

[33] Jacob la reconoció y dijo: «Sí, esta es la túnica de mi hijo, lo devoró un animal salvaje; con seguridad José quedó despedazado».

[34] Luego Jacob rasgó su vestido, se puso ropa áspera y por mucho tiempo estuvo de luto por su hijo.

[35] Todos sus hijos e hijas fueron a consolarlo, pero él rehusaba ser consolado y decía: «Voy a estar de luto por mi hijo hasta el día en que me muera». Así hizo duelo por su hijo.

[36] Mientras tanto, los madianitas vendieron a José en Egipto, a Potifar, el capitán de la guardia del faraón.

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