[1] Todas las tribus de Israel se presentaron entonces a David, en Hebrón, y le dijeron: –Somos de tu misma carne y sangre.
[2] Ya antes, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien guiabas a Israel. El Señor te ha dicho: «Tú apacentarás a mi pueblo; tú serás el jefe de Israel».
[3] Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel a Hebrón, donde estaba el rey. David hizo con ellos un pacto en Hebrón ante el Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.
[4] David tenía treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años.
[5] En Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio; y en Jerusalén, treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.
[6] El rey y sus hombres se dirigieron a Jerusalén para atacar a los jebuseos que habitaban aquella tierra, y éstos le dijeron: –No entrarás aquí; los ciegos y los cojos bastarán para rechazarte. (Era una manera de decir que David no entraría.)
[7] Pero David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la ciudad de David.
[8] Y aquel día dijo David: –El que quiera matar a los jebuseos, que llegue hasta el canal. En cuanto a los cojos y los ciegos, son enemigos de David. Por eso se dice: «Los ciegos y los cojos no entrarán en la casa del Señor».
[9] David se instaló en la fortaleza y la llamó ciudad de David. Después construyó un muro alrededor, desde el terraplén hacia el interior.
[10] David se hacía cada vez más fuerte, y el Señor, Dios todopoderoso, estaba con él.
[11] Jirán, rey de Tiro, envió mensajeros a David y puso a su disposición madera de cedro, carpinteros y canteros, con el fin de que construyeran un palacio para David.
[12] Así reconoció David que el Señor le había confirmado como rey de Israel y que engrandecía su reino a causa de su pueblo Israel.
[13] David tomó más concubinas y esposas en Jerusalén, después de haber venido de Hebrón, y tuvo más hijos e hijas.
[14] Los nombres de los hijos que le nacieron en Jerusalén son: Samúa, Sobab, Natán, Salomón,
[15] Yibjar, Elisúa, Nefeg, Yafía,
[16] Elisamá, Baalyadá y Elifélet.
[17] Cuando los filisteos supieron que David había sido ungido rey de Israel, subieron todos para atacarlo. David se enteró y bajó a la fortaleza.
[18] Los filisteos llegaron y se prepararon para el combate en el valle de Refaín.
[19] David consultó al Señor: –¿He de ir a luchar contra los filisteos? ¿Me los entregarás? El Señor le respondió: –Atácalos, porque yo te los entregaré.
[20] Fue, pues, David a Baal Perasín y allí los derrotó. Y dijo: –El Señor ha abierto una brecha entre mis enemigos como la brecha que abren las aguas. Por eso se llama a este lugar Baal Perasín –es decir, Señor de las Brechas–.
[21] Los filisteos abandonaron allí a sus dioses, y David y sus hombres se los llevaron.
[22] Volvieron a subir los filisteos y se prepararon para el combate en el valle de Refaín.
[23] David consultó al Señor, que le respondió: –No subas de frente, da un rodeo por detrás y cae sobre ellos por el lado de las moreras.
[24] Cuando oigas ruido de pasos en la copa de las moreras, atacas rápidamente, porque entonces el Señor irá delante para derrotar al ejército filisteo.
[25] David hizo lo que el Señor le había mandado y derrotó a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada de Guézer.