[1] El Señor se enfureció de nuevo contra los israelitas y, para castigarlos, incitó a David diciéndole: –Anda, haz el censo de Israel y de Judá.
[2] El rey dijo a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: –Recorran todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y hagan un censo del pueblo para que sepa yo cuántos son.
[3] Joab dijo al rey: –Que el Señor, tu Dios, aumente la población cien veces más y que mi señor el rey, lo vea con sus ojos, pero ¿para qué quiere hacer este censo mi señor el rey?
[4] Pero la orden del rey prevaleció sobre la opinión de Joab y de los jefes del ejército; y Joab y los jefes del ejército salieron de la presencia del rey para hacer el censo de la población de Israel.
[5] Cruzaron el Jordán y acamparon en Aroer, la ciudad que está al fondo del valle de Gad; luego se dirigieron a Jazer.
[6] Llegaron a Galaad y a la hondonada de Jodsí; luego siguieron hasta Dan, y desde Dan caminaron hacia Sidón.
[7] Fueron a la plaza fuerte de Tiro y a todas las ciudades de los jeveos y cananeos y terminaron en el Négueb de Judá, en Berseba.
[8] Recorrieron así todo el territorio y después de nueve meses y veinte días, regresaron a Jerusalén.
[9] Joab informó al rey sobre el resultado del censo del pueblo; había en Israel ochocientos mil hombres aptos para la guerra y hábiles con la espada, y en Judá, quinientos mil.
[10] Después de hacer el censo del pueblo, David sintió remordimientos de conciencia, y dijo al Señor: –¡He cometido un gran pecado al hacer esto! Pero dígnate, oh Señor, perdonar el pecado de tu siervo, porque me he portado como un necio.
[11] Al día siguiente, cuando se levantó David, el Señor dirigió esta palabra al profeta Gad, vidente de David:
[12] –Vete a decir a David: Así dice el Señor: tres castigos te pongo delante; elige uno de ellos y yo lo llevaré a cabo.
[13] Gad se presentó a David y le dijo: –¿Qué prefieres? ¿Que sobrevengan tres años de hambre en tu país, que tengas que huir durante tres meses perseguido por tu enemigo, o que haya tres días de peste en tu país? Piensa y decide la respuesta que debo dar al que me ha enviado.
[14] David dijo a Gad: –Me encuentro en una grave dificultad. Pero es preferible caer en manos de Dios, cuya misericordia es grande, a caer en manos de los hombres.
[15] Y David eligió la peste. Era el tiempo de la cosecha del trigo. El Señor envió la peste desde la mañana hasta el tiempo fijado, y murieron desde Dan hasta Berseba setenta mil hombres del pueblo.
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[17] El ángel extendió su mano sobre Jerusalén para exterminarla. Cuando David vio al ángel que hería al pueblo, suplicaba al Señor: –Soy yo quien ha pecado y quien ha hecho el mal, pero el pueblo es inocente. Castígame a mí y a mi familia. Entonces el Señor se compadeció del pueblo que estaba sufriendo y dijo al ángel que lo exterminaba: –Basta; que cese el castigo. El ángel del Señor estaba junto al campo de Arauná, el jebuseo.
[18] Aquel día se presentó Gad a David y le dijo: –Sube y construye un altar al Señor en el campo de Arauná, el jebuseo.
[19] David subió como le había dicho Gad, y cumplió la orden del Señor.
[20] Cuando Arauná vio al rey, que se dirigía hacia él acompañado de sus servidores, se adelantó y se postró ante él rostro en tierra.
[21] Y preguntó: –¿Qué desea mi señor el rey de su siervo? David le respondió: –Comprarte el campo y levantar en él un altar al Señor, para que la peste se retire del pueblo.
[22] Arauná dijo: –Tómelo mi señor, el rey, y allí ofrezca en sacrificio lo que le parezca bien. Ahí están los bueyes para el holocausto; la rastra y el yugo pueden servir de leña.
[23] Este siervo de mi señor el rey se lo da todo al rey. Que el Señor tu Dios te sea favorable.
[24] El rey le respondió: –No; quiero comprártelo pagando su precio. No quiero ofrecer al Señor, mi Dios, sacrificios que no me cuesten nada. Y David compró el campo y los bueyes por cincuenta monedas de plata.
[25] David construyó allí un altar al Señor, y en él ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. Entonces el Señor tuvo piedad del país, y la peste se retiró de Israel.