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2 Reyes 6

[1] Los del grupo de los profetas dijeron a Eliseo: –Como ves, el lugar en que vivimos contigo es demasiado pequeño para nosotros.

[2] Déjanos ir al Jordán. Allí tomaremos un madero cada uno y con ellos nos haremos una casa. Eliseo respondió: –Bien, vayan.

[3] Uno de ellos le pidió: –Dígnate venir con nosotros. Y Eliseo le respondió: –Iré.

[4] Y se fue con ellos. Cuando llegaron al Jordán, se pusieron a cortar árboles.

[5] A uno, mientras cortaba un árbol, se le cayó al río el hierro del hacha, y empezó a gritar: –¡Ay, maestro, que era prestada!

[6] El hombre de Dios preguntó: –¿Dónde ha caído? El otro le indicó el lugar. Entonces Eliseo cortó un palo, lo echó allí y el hierro salió a flote.

[7] Y le dijo: –Recógelo. El otro alargó su mano y lo recogió.

[8] El rey de Siria estaba en guerra contra Israel, y en consejo con sus ministros determinó lo siguiente: –Tendamos una emboscada en tal y tal lugar.

[9] El hombre de Dios mandó a decir al rey de Israel: –No vayas por tal lugar, porque los sirios están allí emboscados.

[10] El rey de Israel mandó gente al lugar indicado por el hombre de Dios. Fueron varias las ocasiones en que el profeta advirtió al rey y éste tomaba precau ciones.

[11] Inquietado por este hecho, el rey de Siria llamó a sus ayudantes y les dijo: –Díganme quién de los nuestros avisa al rey de Israel.

[12] Uno de ellos respondió: –Nadie, oh rey, mi señor. Es Eliseo, el profeta que hay en Israel, el que comunica a su rey lo que tú hablas en tu dormitorio.

[13] Y el rey ordenó: –Vayan y averiguen dónde se encuentra y yo lo mandaré apresar. Alguien le dijo: –Está en Dotán.

[14] Y él envió allá caballos, carros de guerra y un fuerte contingente de tropas. Llegaron de noche y cercaron la ciudad.

[15] El criado del hombre de Dios se levantó de madrugada y vio que la ciudad estaba sitiada por toda aquella tropa. Y dijo a Eliseo: –¡Ay, señor! ¿Qué hacemos?

[16] El respondió: –No temas, pues los que están con nosotros son más que ellos.

[17] Eliseo oró así: –Señor, ábrele los ojos para que vea. El Señor abrió los ojos al criado y vio la montaña llena de caballos y carros de fuego, que rodeaban a Eliseo.

[18] Cuando los sirios bajaban contra Eliseo, éste oró así al Señor: –Ciega a esta gente. Y el Señor los cegó, según la petición de Eliseo.

[19] Eliseo les dijo: –No es éste el camino ni es ésta la ciudad. Síganme y los conduciré hasta el hombre que buscan. Y los llevó a Samaría.

[20] Cuando llegaron a Samaría, dijo Eliseo: –Señor, ábreles los ojos, para que vean. El Señor se los abrió, y vieron que estaban en Samaría.

[21] El rey de Israel, al verlos, preguntó a Eliseo: –Padre, ¿los mato?

[22] El respondió: –No. ¿Acaso acostumbras a matar a los que haces prisioneros con tu espada y tu arco? Dales de comer y de beber, y que regresen a su señor.

[23] El rey les preparó un gran banquete y después de la comida los dejó en libertad. Ellos regresaron a su señor, y los sirios no volvieron a hacer incursiones en Israel.

[24] Pasado algún tiempo, Benadad, rey de Siria, reunió todo su ejército y sitió a Samaría.

[25] Debido a ello, hubo mucha hambre en Samaría, tanto que, durante el sitio de la ciudad, un burro llegó a valer ochenta monedas de plata. y treinta gramos de puerros silvestres llegaron a valer cinco monedas.

[26] Un día, el rey se paseaba por la muralla, y una mujer le gritó: –¡Socórreme, oh rey mi señor!

[27] El rey le contestó: –Si el Señor no te socorre, ¿con qué quieres que te socorra yo? ¿Con el producto de los campos de trigo o con el viñedo?

[28] Y añadió: –¿Qué quieres? Ella respondió: –Esta mujer me dijo: «Trae a tu hijo para que lo comamos hoy; el mío lo comeremos mañana».

[29] Cocimos a mi hijo y lo comimos, pero al día siguiente, cuando le dije: «Trae a tu hijo para que lo comamos», ella lo escondió.

[30] Al oír estas palabras, el rey rasgó sus vestiduras y, como pasaba sobre la muralla, la gente pudo ver el vestido de penitencia que llevaba sobre su cuerpo.

[31] Luego dijo: –Que el Señor me castigue si la cabeza de Eliseo, hijo de Safat, queda hoy sobre sus hombros.

[32] Eliseo estaba sentado en su casa, acompañado de los ancianos, cuando el rey envió un mensajero. Pero, antes de que llegara, Eliseo dijo a los ancianos: –¿Han visto cómo ese asesino ha dado orden de cortarme la cabeza? Cuando llegue el mensajero, cierren la puerta y no lo dejen entrar. Detrás de él se oyen los pasos de su señor.

[33] Todavía estaba hablando con ellos, cuando se presentó el rey y le dijo: –Esta desgracia procede del Señor. ¿Qué puedo esperar ya de él?

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