[1] Afortunados los que ayudan al pobre a salir adelante porque cuando estén en peligro, el SEÑOR los salvará.
[2] El SEÑOR los protegerá y los mantendrá con vida. Serán felices en la tierra y no los dejará caer en manos de sus enemigos.
[3] El SEÑOR les dará fortaleza cuando se sientan débiles. Los sanará cuando estén enfermos y en cama.
[4] Yo dije: «SEÑOR, he pecado contra ti, pero por favor ten compasión de mí y alíviame».
[5] Pero mis enemigos decían contra mí: «¿Cuándo morirá y pasará al olvido?»
[6] Venían a verme, pero no me decían lo que en realidad estaban pensando, sino que venían a recoger calumnias y salir a contarlas.
[7] Todos mis rivales murmuraban y planeaban cosas en mi contra.
[8] Ellos decían: «Debe haber hecho algo malo ya que está enfermo y no puede recuperarse».
[9] Hasta mi mejor amigo en quien yo confiaba, con el que compartí mi comida, se puso en mi contra.
[10] Así que te pido SEÑOR que tengas compasión de mí; ayúdame a levantarme para poder pagarles lo que merecen.
[11] Sólo así podré saber que no estás enojado conmigo y que no incitaste a mis enemigos a que me atacaran.
[12] Sabré que era inocente, que tú me ayudaste y me permitiste servirte siempre.
[13] Alaben al SEÑOR, el Dios de Israel, que ha existido desde el principio de los siglos y que existirá por toda la eternidad. ¡Qué así sea!