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[1] »Si un hombre se divorcia de su esposa, y luego ella se casa con otro hombre, el primer hombre no volverá a unirse a ella. ¿Acaso algo así no contaminaría la tierra? Pero tú que te has prostituido con muchos amantes, ¿podrás volver a mí?, dice el SEÑOR.

[2] »Levanta tu mirada y observa las colinas, trata de encontrar un lugar en el que no hayas pecado sexualmente. Tú te sientas a la orilla de los caminos a esperar a tus amantes como un árabe en el desierto. Has contaminado la tierra con tu prostitución y tu maldad.

[3] Por eso han desaparecido las lluvias refrescantes, y ya no llega la lluvia de primavera. Te ves tan descarada como una prostituta que no tiene vergüenza alguna.

[4] Pero ahora me dices: “Padre, tú eres el compañero de mi juventud,

[5] ¿vas a seguir enojado? ¿Te va a durar el enojo para siempre?” Y mientras lo dices, haces todo el mal que puedes».

[6] Luego, durante el reinado de Josías en Judá, el SEÑOR me dijo: «¿Has visto lo que hizo la infiel Israel? Se la pasó prostituyéndose en cada colina y bajo cada árbol frondoso.

[7] Y yo pensé que después de hacer todo eso, ella volvería a mí. Pero no regresó. Judá, su hermana infiel, se dio cuenta de todo eso,

[8] y también se dio cuenta de que por todos los pecados sexuales que cometió Israel, yo la envié lejos y me separé de ella. Sin embargo, Judá no tuvo temor alguno y también fue a prostituirse.

[9] A Judá le parecía algo tan insignificante su promiscuidad que contaminó con ella toda la tierra adorando a los árboles y las piedras.

[10] A pesar de todo lo que sucedía, Judá regresó a mí sólo en apariencia, no de todo corazón». Lo dice el SEÑOR.

[11] Luego el SEÑOR me dijo: «Israel me fue infiel, pero ella resultó ser más justa que la infiel Judá.

[12] Ve tú al norte y di estas palabras: »Vuelve a mí, infiel Israel, dice el SEÑOR, ya no estaré disgustado contigo porque tengo compasión, dice el SEÑOR. No estaré enojado contigo para siempre,

[13] sólo reconoce tu pecado y admite que te rebelaste contra el SEÑOR tu Dios; que te prostituiste con extraños bajo cada árbol frondoso y que no has obedecido mi voz. Lo dice el SEÑOR.

[14] »Regresen a mí, hijos rebeldes, porque yo soy su dueño, dice el SEÑOR. De ustedes sacaré uno de cada ciudad y dos de cada clan, y los traeré a Sion.

[15] Les daré gobernantes que cuenten con mi aprobación y ellos los guiarán con conocimiento y sabiduría.

[16] En esos días, cuando ustedes aumenten en número y pueblen todo el país, la gente ya no mencionará más el cofre del pacto del SEÑOR, ni pensarán ni se acordarán de eso; no lo extrañarán ni harán uno nuevo. El SEÑOR así lo dice.

[17] En esos días, la gente dirá que Jerusalén es el “Trono del SEÑOR”. Todas las naciones se reunirán en Jerusalén, en el nombre del SEÑOR, y ya no se dejarán guiar por la terquedad de su corazón perverso.

[18] En esos días, la tribu de Judá se unirá a Israel y vendrán juntos desde la tierra del norte a la tierra que yo les entregué como posesión a sus antepasados.

[19] »Yo me dije a mí mismo: “Los trataré como a mis hijos, les daré una tierra agradable, la tierra más apreciada entre todas las naciones”. Pensé que tú me llamarías “Padre mío” y que nunca me abandonarías,

[20] pero tú me has sido infiel como una mujer engaña a su marido». Lo dice el SEÑOR.

[21] Se escuchan voces en las colinas desoladas, es el llanto y las súplicas de los israelitas. Ellos se corrompieron, se han olvidado del SEÑOR su Dios.

[22] «Regresen, hijos rebeldes, que yo perdonaré su infidelidad». «A ti regresamos porque tú eres el SEÑOR nuestro Dios.

[23] En realidad las colinas son un fraude y el escándalo que se hace sobre los montes no sirve para nada. La salvación de Israel se encuentra en el SEÑOR nuestro Dios.

[24] La vergonzosa idolatría nos ha robado todo aquello de lo que nuestros antepasados se sentían tan orgullosos: sus ovejas, su ganado, sus hijos e hijas.

[25] Que nuestra vergüenza nos haga humillarnos cubiertos por nuestra desgracia por haber pecado contra el SEÑOR nuestro Dios, nosotros y nuestros antepasados, desde nuestra juventud hasta el día de hoy no hemos obedecido la voz del SEÑOR nuestro Dios».

Jeremías — Chapters