[1] Abre, tus puertas, Líbano, y que el fuego devore tus cedros.
[2] Gime, ciprés, porque ha caído el cedro, porque los poderosos han sido derrotados. Giman, encinas de Basán, porque ha sido cortada la selva impenetrable.
[3] Escuchen los lamentos de los pastores, porque han asolado sus mejores pastos; oigan los rugidos de los leones, porque han asolado la arboleda del Jordán.
[4] Así dice el Señor mi Dios: Apacienta estas ovejas destinadas al matadero.
[5] Los compradores las matan sin sentirse culpables y los vendedores dicen: «Bendito sea el Señor, ya soy rico». Ni siquiera sus propios pastores sienten compasión de ellas.
[6] Tampoco yo volveré a tener compasión de los habitantes de esta tierra, oráculo del Señor; voy a entregarlos a todos en poder de sus pastores y de sus reyes. Ellos destruirán la tierra, y yo no los libraré de su poder.
[7] Yo me puse a apacentar las ovejas destinadas al matadero por los comerciantes de ganado. Tomé dos bastones: a uno lo llamé Benevolencia y al otro Unión. Seguí apacentando el rebaño
[8] y en un solo mes tuve que despedir a tres pastores. Perdí, pues, la paciencia con las ovejas y también ellas se hastiaron de mí.
[9] Entonces dije: No las apacentaré más; la que tenga que morir, que muera; la que tenga que perecer, que perezca; y las que queden, que se coman unas a otras.
[10] Después tomé el bastón Benevolencia y lo rompí, en señal de que rompía la alianza que el Señor había hecho con todos los pueblos.
[11] Quedó rota la alianza aquel día, y los comerciantes que me observaban comprendieron que se trataba de una palabra del Señor.
[12] Yo les dije: Si les parece bien, páguenme mi sueldo y, si no, déjenlo. Ellos me pagaron treinta monedas de plata.
[13] El Señor me dijo: Echa al tesoro ese valioso precio en el que ellos me han valorado. Tomé las treinta monedas de plata y las eché en el tesoro del templo del Señor.
[14] Después rompí el segundo bastón, al que había llamado Unión, como signo de que rompía la fraternidad entre Judá e Israel.
[15] El Señor me dijo: Toma el morral de un pastor irresponsable,
[16] porque voy a suscitar en esta tierra un pastor que no se preocupará de las ovejas perdidas, ni buscará las extraviadas ni sanará a las heridas ni alimentará a las sanas; sino que comerá la carne de las gordas y les arrancará hasta las pezuñas.
[17] ¡Ay del mal pastor que abandona las ovejas! ¡Qué la espada hiera su brazo y su ojo derecho! ¡Qué su brazo se seque por completo, y su ojo derecho quede del todo ciego!