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Número 22

[1] Los israelitas reanudaron la marcha y fueron a acampar a los llanos de Moab, al otro lado del Jordán, a la altura de Jericó.

[2] Balac, hijo de Sipor, sabía todo lo que Israel había hecho con los amorreos,

[3] y Moab tenía miedo de un pueblo tan numeroso. Moab se atemorizó ante los israelitas,

[4] y dijo a los ancianos de Madián: –Esta multitud va a devorar ahora todo a nuestro alrededor, como devora un toro la hierba del campo. En aquel tiempo reinaba en Moab Balac, hijo de Sipor.

[5] Balac envió mensajeros a Petor, que está en la ribera del Eufrates, en el país de los amavitas, para que hicieran venir a Balaán, hijo de Beor, con este mensaje: –Mira, ha salido de Egipto un pueblo que cubre la tierra y está ya cerca de mí.

[6] Ven, por favor, y maldice de mi parte a este pueblo, pues es más poderoso que yo; a ver si así podemos vencerlo y echarlo de la tierra, pues sé que aquel a quien tú bendices queda bendito y aquel a quien tú maldices queda maldito.

[7] Los ancianos de Moab y los ancianos de Madián partieron, llevando consigo el precio de la maldición. Llegaron junto a Balaán y le comunicaron las palabras de Balac.

[8] El les dijo: –Pasen aquí la noche, y yo les responderé según lo que me diga el Señor. Los ancianos de Moab se quedaron con Balaán.

[9] Dios se apareció a Balaán y le dijo:

[10] –¿Quiénes son los hombres que están contigo? Balaán respondió: –Vienen de parte de Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, que los ha enviado con este mensaje:

[11] «Mira, ha salido de Egipto un pueblo que cubre toda la tierra. Ven, por favor, a maldecirlo de mi parte, para que pueda vencerlo y expulsarlo».

[12] Dios dijo a Balaán: –No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, porque es bendito.

[13] Balaán se levantó de mañana y dijo a los enviados de Balac: –Regresen a su tierra, pues el Señor no me deja ir con ustedes.

[14] Los jefes de Moab se levantaron, regresaron donde se encontraba Balac y le dijeron: –Balaán se ha negado a venir con nosotros.

[15] Balac envió de nuevo dignatarios más numerosos y honorables que los primeros.

[16] Llegaron donde estaba Balaán y le dijeron: –Esto dice Balac, hijo de Sipor: «Por favor, no te niegues a venir hasta mí,

[17] pues te colmaré de honores y haré lo que me digas. Ven, pues, y maldice de mi parte a este pueblo».

[18] Balaán respondió a los siervos de Balac: –Aun cuando Balac me diera su palacio lleno de plata y oro, yo no podría desobedecer las órdenes del Señor, mi Dios, en cosa alguna;

[19] pero quédense aquí esta noche para saber lo que me vuelve a decir el Señor.

[20] Dios se apareció a Balaán durante la noche y le dijo: –Ya que esos hombres han venido a llamarte, levántate y vete con ellos, pero haz únicamente lo que yo te diga.

[21] Se levantó Balaán muy temprano, preparó su burra, y se fue con los jefes de Moab.

[22] Al verlo ir, se encendió la cólera de Dios, y el ángel del Señor se puso delante de él en el camino para cerrarle el paso. Balaán iba montado en su burra y lo acompañaban dos de sus criados.

[23] La burra, al ver al ángel del Señor parado en el camino, con la espada desenvainada en la mano, se desvió del camino y se fue por el campo. Balaán le daba golpes para hacer que regresara al camino.

[24] El ángel del Señor se interpuso en un lugar estrecho del camino, en medio de las viñas, con pared a un lado y a otro.

[25] La burra, al ver al ángel del Señor, se fue contra la pared apretando contra ella el pie de Balaán, que se puso a apalearla de nuevo.

[26] Una vez más el ángel del Señor se les adelantó parándose en un paso muy estrecho, sin desviación posible ni a un lado ni a otro.

[27] Cuando la burra vio al ángel del Señor, se tumbó con Balaán encima, mientras él, enfurecido, le pegaba con la vara.

[28] Entonces el Señor abrió la boca de la burra, que dijo a Balaán: –¿Qué te he hecho yo para que me pegues por tercera vez?

[29] Balaán respondió: –Te burlas de mí. Si tuviera a mano una espada, ahora mismo te mataría.

[30] La burra dijo a Balaán: –¿No soy yo tu burra, que te he servido siempre de cabalgadura hasta hoy? ¿Te he hecho yo alguna vez cosa semejante? Respondió Balaán: –No.

[31] El Señor abrió los ojos a Balaán, y éste vio al ángel del Señor en el camino con la espada desenvainada en la mano. Balaán se inclinó y se postró en tierra.

[32] El ángel del Señor le dijo: –¿Por qué has pegado a tu burra por tres veces? Era yo quien te cerraba el paso, pues tu viaje no es de mi agrado.

[33] La burra me ha visto, y por tres veces se ha apartado de mí. Gracias a que se ha apartado, que si no, habría sido yo quien te hubiera dado muerte a ti, dejándola a ella con vida.

[34] Balaán respondió al ángel del Señor: –¡He pecado! No sabía que eras tú quien me cerraba el paso. Si este viaje te desagrada, ahora mismo regreso a mi tierra.

[35] El ángel del Señor le dijo: –Vete con esos hombres, pero di solamente lo que yo te mande. Y Balaán siguió con los dignatarios de Balac.

[36] Al saber Balac que llegaba Balaán, salió a su encuentro en Ar de Moab, al final de la frontera del Arnón.

[37] Balac dijo a Balaán: –¿Por qué no viniste cuando envié mensajeros a buscarte? ¿Acaso no puedo yo pagarte como es debido?

[38] Balaán le respondió: –Aquí me tienes ya, aunque no puedo decir cualquier cosa; sólo pronunciaré las palabras que el Señor ponga en mi boca.

[39] Balaán se fue con Balac, y llegaron a Quiriat Jusot.

[40] Balac inmoló ganado vacuno y ovino y compartió la carne sacrificada con Balaán y con los dignatarios que le acompañaban.

[41] A la mañana siguiente, Balac tomó a Balaán y le hizo subir a Bamot-Baal, desde donde se divisaba una parte del pueblo.

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