[1] José se echó sobre el rostro de su padre, y estuvo llorando y besándolo.
[2] Luego ordenó a los médicos que estaban a su servicio que lo embalsamaran. Y así lo hicieron.
[3] Emplearon en ello cuarenta días, porque éste era el tiempo requerido para embalsamar. Los egipcios guardaron luto durante setenta días.
[4] Pasados los días del luto, José habló así a los consejeros del faraón: –Si en algo me aprecian, les ruego que transmitan este mensaje al faraón:
[5] mi padre me hizo jurar diciéndome: «Estoy a punto de morir, y debes sepultarme en el sepulcro que me hice en Canaán». Permítanme, pues, que vaya a sepultar a mi padre, y luego regresaré.
[6] El faraón respondió: –Ve y sepulta a tu padre como él te hizo jurar.
[7] José fue a sepultar a su padre y con él fueron todos los consejeros del faraón, los ancianos de su corte, todos los ancianos de Egipto,
[8] y toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Solamente dejaron en la región de Gosen a sus niños y sus rebaños y ganados.
[9] Subieron también con él carros y jinetes, de modo que el cortejo era muy grande.
[10] Al llegar a la propiedad de Atad, al otro lado del Jordán, hicieron grandes y solemnes lamentaciones fúnebres, y José celebró por su padre un luto de siete días.
[11] Cuando los cananeos que vivían en aquella región vieron aquel luto en la propiedad de Atad, se dijeron: «Hacen gran duelo los egipcios». Por eso pusieron el nombre de Abel misrain –es decir, Duelo de los Egipcios– a la propiedad que está al otro lado del Jordán.
[12] Los hijos de Jacob hicieron lo que él les había ordenado.
[13] Lo llevaron a la tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de macpelá, que Abrahán había comprado para sepultura de los suyos a Efrón, el hitita, enfrente de mambré.
[14] Después José regresó a Egipto con sus hermanos y con todos los que lo habían acompañado a enterrar a su padre.
[15] Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, se decían: «Quizá ahora José empiece a odiarnos y nos devuelva con creces todo el mal que le hicimos».
[16] Por eso mandaron decir a José: –Tu padre ordenó esto antes de morir:
[17] «Digan a José que, por favor, perdone el delito y el pecado de sus hermanos, el daño que le hicieron». Así que, por favor, perdona el delito de los siervos del Dios de tu padre. José, al oírlos, se echó a llorar.
[18] Después sus mismos hermanos vinieron a postrarse ante él y le dijeron: –Aquí nos tienes, somos tus esclavos.
[19] Pero José les dijo: –No teman, ¿puedo ponerme yo en lugar de Dios?
[20] Ciertamente que ustedes se portaron mal conmigo, pero Dios lo cambió en bien, para hacer lo que hoy estamos viendo: para dar vida a un gran pueblo.
[21] Así que no teman; yo cuidaré de ustedes y de sus hijos. Así los consoló hablándoles al corazón.
[22] José siguió viviendo en Egipto con la familia de su padre; vivió ciento diez años.
[23] Vio a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. También recibió sobre sus rodillas, al nacer, a los hijos de maquir, hijo de manasés.
[24] Luego dijo a sus hermanos: –Yo estoy a punto de morir, pero Dios vendrá a liberarlos y los llevará de este país a la tierra que prometió a Abrahán, Isaac y Jacob.
[25] Y José hizo jurar a los hijos de Israel así: «Cuando Dios venga a liberarlos, llévense de aquí mis huesos».
[26] José murió a los ciento diez años; lo embalsamaron y lo pusieron en un sarcó-fago en Egipto.