[1] Entretanto el hambre se iba agravando cada vez más en el país.
[2] Cuando se les acabó el trigo que habían traído de Egipto, su padre les ordenó: –Vayan de nuevo a comprarnos alimentos.
[3] Pero Judá le dijo: –Aquel hombre nos advirtió expresamente: «No serán admitidos de nuevo en mi presencia sin su hermano menor».
[4] Si permites que nuestro hermano menor venga con nosotros, bajaremos y te compraremos alimentos;
[5] pero si no lo dejas venir, no bajaremos, porque aquel hombre nos dijo expresamente: «No serán admitidos de nuevo en mi presencia sin su hermano menor».
[6] Israel dijo: –¿Por qué me han hecho esto, diciendo a aquel hombre que tienen otro hermano?
[7] Ellos respondieron: –Aquel hombre nos preguntó por nuestra familia: «¿Vive aún su padre? ¿Tienen más hermanos?» Y nosotros le informamos de acuerdo a sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber que nos diría: «Traigan a su hermano»?
[8] Y Judá dijo a su padre Israel: –Deja al muchacho bajo mi custodia, y pongámonos en camino; es la única manera de sobrevivir y de que no perezcamos ni nosotros, ni tú, ni nuestros hijos.
[9] Yo me hago responsable de él; a mí me pedirás cuentas. Si no te lo devuelvo, si no lo traigo de nuevo junto a ti, yo seré culpable ante ti toda mi vida.
[10] Si no hubiéramos titubeado, ya estaríamos de regreso por segunda vez.
[11] Entonces su padre Israel les dijo: –Ya que no hay más remedio, háganlo así; lleven en sus sacos productos de esta tierra para ofrecérselos a aquel hombre como regalo: un poco de bálsamo y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.
[12] Tomen también doble cantidad de dinero, y restituyan el que les fue devuelto en la boca de los sacos; quizás fue una equivocación.
[13] Lleven también a su hermano. Vayan de nuevo a visitar a aquel hombre.
[14] Que el Dios Poderoso haga que se compadezca de ustedes y les permita regresar con su otro hermano y con Benjamín. En cuanto a mí, si he de verme privado de mis hijos, sin ellos me quedaré.
[15] Ellos tomaron consigo los regalos, doble cantidad de dinero y a Benjamín, y se pusieron en camino. Al llegar a Egipto se presentaron a José.
[16] Cuando José vio a Benjamín entre ellos, dijo a su mayordomo: –Lleva a estos hombres dentro de casa, haz que maten un animal y que lo guisen, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía.
[17] El mayordomo cumplió su encargo y los llevó a casa de José.
[18] Ellos, al ver que los llevaban a casa de José, se llenaron de miedo, pues pensaban: «Nos han traído aquí por lo del dinero que nos fue devuelto en nuestros sacos, nos acusarán, nos condenarán, nos harán esclavos y se quedarán con nuestros burros».
[19] Entonces, se acercaron al mayordomo de José, y a la entrada de la casa le hablaron así:
[20] –Escucha, señor, nosotros ya vinimos en otra ocasión a comprar alimentos.
[21] Pero cuando acampamos y abrimos nuestros sacos encontramos en la boca de cada saco el dinero que habíamos pagado; aquí lo traemos.
[22] Traemos también más dinero para pagar los alimentos. No sabemos quién pudo poner el dinero en los sacos.
[23] El les dijo: –Tranquilícense, no tengan miedo. Fue el Dios de ustedes y de su padre quien puso el tesoro en sus sacos, pues su dinero lo recibí yo. Luego hizo que trajeran a Simeón.
[24] El mayordomo los hizo pasar a la casa de José, les puso agua para que se lavaran los pies y dio de comer a los burros.
[25] Ellos, entre tanto, prepararon el regalo, en espera de que llegara José al mediodía, pues habían oído que iban a comer allí.
[26] Cuando José entró en casa, le ofrecieron el regalo que habían traído consigo y se postraron en tierra.
[27] El les preguntó qué tal estaban y les dijo: –¿Cómo está su anciano padre del que me hablaron? ¿Vive todavía?
[28] Respondieron: –Tu siervo, nuestro padre, está bien y todavía vive. Ellos se inclinaron e hicieron una reverencia.
[29] José miró al grupo y, al ver a Benjamín, su hermano materno, preguntó: –¿Es éste su hermano menor del que me hablaron? Y añadió: –Dios te guarde, hijo mío.
[30] Pero entonces José tuvo que salir rápidamente afuera, porque se había emocionado al ver a su hermano, y estaba a punto de llorar. Entró en su habitación y allí estuvo llorando.
[31] Después se lavó la cara, regresó y, dominándose, ordenó: –Sirvan la comida.
[32] Sirvieron aparte a José, aparte a sus hermanos y aparte también a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, por ser algo detestable para ellos.
[33] Los hebreos estaban sentados enfrente de José por orden de edad, de mayor a menor, y se miraban sorprendidos unos a otros.
[34] El les mandaba desde su sitio las porciones, pero la porción de Benjamín era cinco veces mayor que la de los otros. Así bebieron y se alegraron en su compañía.