[1] David celebró un consejo con los jefes de mil y cien hombres y con todos los notables,
[2] y propuso a toda la asamblea de Israel: –Si les parece bien y si el Señor, nuestro Dios, no se opone, vamos a avisar a nuestros hermanos de todas las regiones de Israel, a los sacerdotes y levitas que viven en sus ciudades y campos limítrofes, para que vengan a reunirse con nosotros.
[3] Cuando lleguen, traeremos hasta aquí el arca de nuestro Dios, de la que no nos hemos vuelto a preocupar desde el tiempo de Saúl.
[4] Toda la asamblea aceptó, pues la cosa fue del agrado de todos los presentes.
[5] David convocó a todo el pueblo, desde el torrente de Egipto hasta el paso de Jamat, para trasladar el arca de Dios desde Quiriat Yearín en Judá.
[6] Luego acompañado de todo Israel fue a Baalá de Judá, cerca de Quiriat Yearín para traer de allí el arca de Dios que lleva el nombre de «el Señor que se sienta sobre los querubines».
[7] Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo y la sacaron de la casa de Abinadab. Uzá y Ajió conducían el carro.
[8] David y todo Israel iban delante danzando y cantando delante de Dios con todo entusiasmo al son de cítaras, arpas, tambores, platillos y trompetas.
[9] Al llegar al campo de Cidón, Uzá sujetó el arca con la mano porque los bueyes la hicieron tambalearse.
[10] Entonces el Señor se enfureció contra Uzá; lo hirió por haber tocado el arca con la mano, y allí mismo murió ante Dios.
[11] David, se afligió mucho porque el Señor había castigado a Uzá y puso a aquel lugar el nombre de Peres-Uzá –es decir, Brecha de Uzá–, y así se llama hasta hoy.
[12] David tuvo miedo de Dios aquel día, y se dijo: –¿Cómo llevaré a mi casa el arca de Dios?
[13] No quiso, pues, llevar el arca a su casa, sino que la llevó a casa de Obededón de Gat.
[14] El arca de Dios estuvo tres meses en casa de Obededón, y el Señor bendijo la familia de Obededón y todas sus posesiones.