[1] Los israelitas llegaron al desierto del Sinaí el mismo día que llegó la Luna Nueva. O sea, durante el tercer mes de su viaje.
[2] Viajaron desde Refidín hasta el desierto de Sinaí y acamparon en el desierto, frente al monte.
[3] Moisés subió al monte y el SEÑOR le dijo: —Diles todo esto a los israelitas, los descendientes de Jacob:
[4] “Ustedes ya vieron lo que le hice a Egipto y que a ustedes los levanté como sobre alas de águila y los traje aquí, frente a mí.
[5] Ahora bien, si en verdad ustedes me escuchan y me obedecen, yo los trataré a ustedes como mi propiedad preferida. O sea, si de veras cumplen mi pacto, aunque todos los pueblos del mundo me pertenecen, de entre todos ellos a ustedes los trataré como mi pueblo.
[6] Ustedes serán un reino de sacerdotes, una nación santa”. Eso es lo que les dirás a los israelitas.
[7] Moisés fue, reunió a los ancianos líderes, y les dijo todo lo que el SEÑOR le había ordenado.
[8] Todo el pueblo respondió al mismo tiempo: —Vamos a hacer todo lo que el SEÑOR dijo. Entonces Moisés regresó a la montaña y le contó al SEÑOR lo que el pueblo había dicho.
[9] El SEÑOR le dijo a Moisés: —Voy a ir en una nube densa a donde tú estás para que el pueblo me escuche hablar contigo y así siempre te crean lo que les digas. Luego Moisés le contó al SEÑOR todo lo que el pueblo le había dicho.
[10] El SEÑOR le dijo a Moisés: —Ve a donde está el pueblo, haz que hoy y mañana sean días santos y diles que laven sus ropas.
[11] Deben estar listos para el tercer día porque ese día, a la vista de todo el pueblo, el SEÑOR vendrá al monte Sinaí.
[12] Diles que no se acerquen a la montaña. Establece un límite y no dejes que el pueblo lo cruce porque el que llegue a tocar el monte será ejecutado.
[13] Nadie deberá tocar al que haga eso y lo matarán lanzándole piedras o disparándole una flecha. Tendrá que morir, sin importar si es un ser humano o un animal. El pueblo podrá subir al monte sólo cuando suene la trompeta.
[14] Entonces Moisés bajó del monte y fue a donde estaba el pueblo, los santificó y ellos lavaron sus ropas.
[15] Luego les dijo: —Estén listos para pasado mañana y no tengan relaciones sexuales durante estos tres días.
[16] En la mañana del tercer día, una nube muy densa se colocó sobre el monte. Cayeron truenos y relámpagos y se escuchó el fuerte sonido de una trompeta. Todos los que estaban en el campamento temblaron.
[17] Moisés llevó al pueblo fuera del campamento para encontrarse con Dios y ellos se detuvieron al pie del monte.
[18] El monte Sinaí estaba totalmente cubierto de humo porque el SEÑOR había bajado sobre él entre el fuego. El humo subía como de un horno y todo el monte temblaba.
[19] El sonido de trompeta se hacía cada vez más fuerte mientras que Moisés hablaba con Dios y él respondía con truenos.
[20] El SEÑOR bajó hasta la cima del monte Sinaí y llamó a Moisés el SEÑOR para que subiera. Entonces Moisés subió.
[21] El SEÑOR le dijo a Moisés: —Baja y adviértele a la gente que no se acerque ni trate de pasar el límite para mirar al SEÑOR, pues si lo hacen muchos morirán.
[22] Además, los sacerdotes que se acerquen a mí, el SEÑOR, deben santificarse para que yo, el SEÑOR, no los castigue.
[23] Moisés le dijo al SEÑOR: —Pero el pueblo no puede subir este monte, tú mismo nos dijiste que debíamos establecer un límite para evitar que el pueblo pasara y que debíamos considerarlo sagrado.
[24] Entonces el SEÑOR le dijo: —Baja a donde está todo el pueblo, busca a Aarón y tráelo aquí contigo, pero no dejes que ningún sacerdote ni nadie se acerque al SEÑOR. Yo castigaré al que se pase del límite.
[25] Luego Moisés fue a donde estaba el pueblo y les contó todo esto.