[1] La siguiente es la bendición que Moisés, hombre de Dios, le dio al pueblo de Israel antes de morir:
[2] «El Señor vino desde el monte Sinaí y se nos apareció en el monte Seir; resplandeció desde el monte Parán y llegó desde Meriba-cades con llamas de fuego en la mano derecha.
[3] Él ama verdaderamente a su pueblo; todos sus santos están en sus manos. Ellos siguen sus pasos y aceptan sus enseñanzas.
[4] Moisés nos dio la instrucción del Señor, que es una posesión exclusiva del pueblo de Israel.
[5] El Señor era el rey en Israel cuando los líderes del pueblo se reunieron, cuando las tribus de Israel se juntaron como una sola».
[6] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Rubén: «Que la tribu de Rubén viva y no desaparezca, aunque sean pocos en cantidad».
[7] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Judá: «Oh Señor, oye el clamor de Judá y reúnelo como un solo pueblo. Dale fuerzas para defender su causa; ayúdalo contra sus enemigos».
[8] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Leví: «Oh Señor, has dado tu Urim y Tumim —el sorteo sagrado— a tus siervos fieles, los levitas. Los pusiste a prueba en Masá y luchaste con ellos en las aguas de Meriba.
[9] Los levitas obedecieron tu palabra y cumplieron tu pacto. Fueron más leales a ti que a sus propios padres. Ignoraron a sus parientes y no reconocieron a sus propios hijos.
[10] Ellos enseñan tus ordenanzas a Jacob y dan tus instrucciones a Israel. Ofrecen incienso delante de ti y presentan ofrendas quemadas enteras sobre el altar.
[11] Oh Señor, bendice el servicio de los levitas y acepta todo el trabajo de sus manos. Hiere a sus enemigos donde más les duela y derriba a sus adversarios para que no vuelvan a levantarse».
[12] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Benjamín: «Los de Benjamín son amados por el Señor y viven seguros a su lado. Él los rodea continuamente y los protege de todo daño».
[13] Moisés dijo lo siguiente sobre las tribus de José: «Que el Señor bendiga su tierra con el precioso regalo del rocío de los cielos y el agua que está debajo de la tierra,
[14] con los ricos frutos que maduran al sol y las cosechas abundantes de cada mes,
[15] con los mejores cultivos de las antiguas montañas y la abundancia de las colinas eternas,
[16] con lo mejor que da la tierra y su plenitud, y el favor de aquel que apareció en la zarza ardiente. Que estas bendiciones reposen sobre la cabeza de José y coronen la frente del príncipe entre sus hermanos.
[17] José tiene la majestad de un toro joven; tiene los cuernos de un buey salvaje. Corneará a naciones lejanas hasta los extremos de la tierra. Esa es mi bendición para las multitudes de Efraín y los millares de Manasés».
[18] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Zabulón y la de Isacar: «Que los de Zabulón prosperen en sus viajes. Que los de Isacar prosperen en su casa.
[19] Ellos convocan al pueblo a la montaña para ofrecer allí los sacrificios apropiados. Sacan provecho de las riquezas del mar y de los tesoros escondidos en la arena».
[20] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Gad: «¡Bendito el que extiende el territorio de Gad! Gad está agazapado allí como un león para arrancar un brazo o una cabeza.
[21] La gente de Gad se llevó la mejor tierra; se le asignó la porción de un líder. Cuando los líderes del pueblo se reunieron, llevaron a cabo la justicia del Señor y obedecieron sus ordenanzas para Israel».
[22] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Dan: «Dan es un cachorro de león que salta desde Basán».
[23] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Neftalí: «Oh Neftalí, tú eres rico en favor y estás lleno de las bendiciones del Señor; que sean tuyos el occidente y el sur».
[24] Moisés dijo lo siguiente sobre la tribu de Aser: «Que Aser sea más bendito que los otros hijos, que sea estimado por sus hermanos, que bañe sus pies en aceite de oliva.
[25] Que los cerrojos de tus puertas sean de hierro y de bronce, que vivas protegido todos los días de tu vida».
[26] «No hay nadie como el Dios de Israel. Él cabalga por el firmamento para ir en tu ayuda, a través de los cielos, con majestuoso esplendor.
[27] El Dios eterno es tu refugio, y sus brazos eternos te sostienen. Él quita al enemigo de tu paso y grita: “¡Destrúyelo!”.
[28] Así que Israel vivirá a salvo; el próspero Jacob habitará protegido en una tierra de grano y vino nuevo, donde los cielos dejan caer su rocío.
[29] ¡Qué bendito eres, oh Israel! ¿Quién es como tú, un pueblo rescatado por el Señor? ¡Él es tu escudo protector y tu espada triunfante! Tus enemigos se arrastrarán ante ti, y tú los pisotearás con fuerza sobre la espalda».