[1] Mientras tanto, el niño Samuel servía al Señor ayudando a Elí. Ahora bien, en esos días los mensajes del Señor eran muy escasos y las visiones eran poco comunes.
[2] Una noche, Elí, que para entonces estaba casi ciego, ya se había acostado.
[3] La lámpara de Dios aún no se había apagado, y Samuel estaba dormido en el tabernáculo cerca del arca de Dios.
[4] De pronto el Señor llamó: —¡Samuel! —Sí —respondió Samuel—. ¿Qué quiere?
[5] Se levantó y corrió hasta donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé —dijo Elí—. Vuelve a la cama. Entonces, Samuel se volvió a acostar.
[6] Luego, el Señor volvió a llamar: —¡Samuel! Nuevamente Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé, hijo mío —respondió Elí—. Vuelve a la cama.
[7] Samuel todavía no conocía al Señor, porque nunca antes había recibido un mensaje de él.
[8] Así que el Señor llamó por tercera vez, y una vez más Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? En ese momento Elí se dio cuenta de que era el Señor quien llamaba al niño.
[9] Entonces le dijo a Samuel: —Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a llamarte, di: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Así que Samuel volvió a su cama.
[10] Y el Señor vino y llamó igual que antes: —¡Samuel! ¡Samuel! Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha.
[11] Entonces el Señor le dijo a Samuel: —Estoy por hacer algo espantoso en Israel.
[12] Llevaré a cabo todas mis amenazas contra Elí y su familia, de principio a fin.
[13] Le advertí que viene juicio sobre su familia para siempre, porque sus hijos blasfeman a Dios y él no los ha disciplinado.
[14] Por eso juré que los pecados de Elí y los de sus hijos jamás serán perdonados ni por medio de sacrificios ni ofrendas.
[15] Entonces Samuel se quedó en la cama hasta la mañana; luego se levantó y abrió las puertas del tabernáculo, como de costumbre. Tenía miedo de contarle a Elí lo que el Señor le había dicho.
[16] Pero Elí lo llamó: —Samuel, hijo mío. —Aquí estoy —respondió Samuel.
[17] —¿Qué te dijo el Señor? Dímelo todo. ¡Y que el Señor te castigue, y aun te mate, si me ocultas algo!
[18] Entonces Samuel le contó todo a Elí; no le ocultó nada. —Es la voluntad del Señor —respondió Elí—. Que él haga lo que mejor le parezca.
[19] El Señor estaba con Samuel mientras crecía, y todo lo que Samuel decía se cumplía.
[20] Entonces todo Israel, desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del Señor.
[21] El Señor siguió apareciéndose en Silo y le daba mensajes a Samuel allí en el tabernáculo.