[1] Después de que Roboán estabilizó su reino y su autoridad, él y todo Israel abandonaron la ley del SEÑOR.
[2] Entonces debido a que fueron infieles al SEÑOR, en el quinto año del reinado de Roboán, fue Sisac, rey de Egipto, y atacó a Jerusalén
[3] con mil doscientos carros y con caballería de sesenta mil jinetes. Trajo además de Egipto un ejército incontable de libios, suquíes y cusitas.
[4] Sisac conquistó las ciudades fortificadas de Judá y llegó también hasta Jerusalén.
[5] El profeta Semaías fue a ver a Roboán y a los líderes de Judá que se habían refugiado en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: —Esto les dice el SEÑOR: “Ustedes me abandonaron. Por eso yo también los he abandonado a ustedes, y serán derrotados por Sisac”.
[6] Entonces los líderes de Judá se humillaron y dijeron: —El SEÑOR está haciendo lo justo.
[7] Cuando el SEÑOR vio que se habían humillado, Semaías recibió un mensaje del SEÑOR que decía: «Como ustedes se han humillado, ya no los voy a destruir. Dejaré que unos pocos escapen y no descargaré toda mi ira contra Jerusalén por medio de Sisac.
[8] Pero ustedes serán sometidos a él para que sepan la diferencia entre lo que es servirme a mí y servir a los reinos de las naciones».
[9] Sisac, rey de Egipto, vino y atacó a Jerusalén. Saqueó los tesoros depositados en el templo del SEÑOR y los del palacio del rey; se llevó todo, incluso los escudos de oro que Salomón había hecho.
[10] Así que el rey Roboán hizo otros escudos de bronce para poner en su lugar, y se los dieron a los guardias que vigilaban en la puerta del palacio del rey.
[11] Cada vez que el rey iba al templo del SEÑOR, los guardias iban con él llevando sus escudos, y después de terminar, volvían a guardar los escudos en la pared del cuarto de la guardia.
[12] Por haberse humillado Roboán, la ira del SEÑOR se apartó de él con el resultado que no lo destruyó por completo, y también porque quedaba algo bueno en Judá.
[13] El rey Roboán se reafirmó en Jerusalén y siguió como rey. Tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar y gobernó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el SEÑOR eligió entre todas las tribus de Israel para habitar en ella. La mamá de Roboán era una amonita llamada Noamá.
[14] Roboán hizo lo malo porque no tomó una decisión firme de seguir al SEÑOR.
[15] Los hechos de Roboán, de principio a fin, están escritos en las crónicas del profeta Semaías y del vidente Idó. Ellos editaron registros familiares. Hubo también permanentemente guerras entre Roboán y Jeroboán.
[16] Roboán murió y fue sepultado con sus antepasados en la Ciudad de David, y su hijo Abías reinó en su lugar.