[1] Después de tres días, David y sus hombres llegaron a Siclag, y se encontraron con que los amalecitas habían invadido la región del Néguev, y que después de atacar y quemar la ciudad de Siclag,
[2] habían tomado cautivo a todo el pueblo, mujeres, jóvenes y ancianos por igual. Pero no habían matado a nadie.
[3] Cuando David y sus hombres llegaron a Siclag, encontraron la ciudad en llamas. Los amalecitas habían tomado cautivos a sus esposas, hijos e hijas.
[4] David y los demás hombres de su ejército lloraron y gritaron hasta que se quedaron sin fuerzas.
[5] Los amalecitas también habían tomado cautivas a las dos esposas de David: Ajinoán de Jezrel y a Abigail, la que había sido la esposa de Nabal de Carmel.
[6] Todo el ejército estaba tan triste y furioso porque habían tomado a sus hijos e hijas cautivos que querían apedrear a muerte a David. Él se alarmó, pero recobró fuerza en el SEÑOR su Dios,
[7] y le dijo al sacerdote Abiatar, el hijo de Ajimélec, que trajera el efod.
[8] Entonces David consultó al SEÑOR: —¿Persigo a los que tomaron cautivos a nuestras familias? ¿Podré alcanzarlos? Él le contestó: —Persíguelos, que los alcanzarás y rescatarás a las familias.
[9] David se dirigió al arroyo de Besor acompañado de seiscientos hombres. Allí se quedaron
[10] doscientos hombres porque estaban muy débiles y cansados para continuar. Así que David continuó persiguiendo a los amalecitas con cuatrocientos hombres.
[11] Los hombres de David encontraron a un egipcio en el campo y lo llevaron a David. Le dieron de comer y de beber,
[12] y además un pedazo de masa de higos y dos racimos de uvas pasas, pues tenía tres días y tres noches de no probar bocado. En cuanto comió, recobró las fuerzas.
[13] David le preguntó al egipcio: —¿A quién perteneces? ¿De dónde vienes? El egipcio contestó: —Soy egipcio, esclavo de un amalecita. Hace tres días me enfermé, y mi amo me abandonó.
[14] Habíamos invadido la región del Néguev, donde viven los quereteos. Atacamos el territorio de Judá y de Caleb, y también incendiamos Siclag.
[15] David le dijo al egipcio: —Guíanos hasta encontrar a esos bandidos. El egipcio le contestó: —Lo llevaré, pero jure por Dios que no me matará ni me entregará de nuevo a mi amo.
[16] El egipcio los guió hasta donde estaban los amalecitas. Los encontraron dispersos por el suelo, comiendo y bebiendo, festejando el gran botín que habían tomado del territorio filisteo y de Judá.
[17] David los atacó y los mató. Pelearon desde el amanecer hasta el anochecer del siguiente día. Ninguno de los amalecitas logró escapar, excepto por cuatrocientos hombres que se montaron en sus camellos y huyeron.
[18] David recuperó el botín que habían tomado los amalecitas, inclusive a sus dos esposas.
[19] No faltaba nada. Encontraron a todos los niños y ancianos, y también a todos sus hijos e hijas, y todas sus pertenencias valiosas.
[20] David se apoderó de las ovejas y el ganado. La gente llevaba todo al frente y decía: «¡Este es el botín de David!»
[21] David regresó al arroyo de Besor, donde se habían quedado los doscientos hombres que estaban débiles y cansados para seguirlo. Los hombres salieron al encuentro de David y los soldados que lo habían acompañado.
[22] Entre los hombres que habían acompañado a David, había algunos que eran malos y problemáticos, y reclamaron: —Estos hombres no fueron con nosotros, así que no tenemos por qué compartir el botín con ellos. Que tomen sólo a sus esposas e hijos.
[23] David les dijo: —No, hermanos míos, no hagan eso. Piensen en lo que el SEÑOR les dio. Él nos permitió derrotar al enemigo que nos atacó.
[24] Nadie les hará caso. Todo se repartirá en partes iguales entre los hombres que se quedaron a cuidar de las provisiones y los que fueron a la batalla.
[25] David estableció esa norma y reglamento en Israel, y así continúa hasta el día de hoy.
[26] Después de llegar a Siclag, David les envió algunas de las cosas que tomó de los amalecitas a sus amigos, los líderes de Judá, diciendo: —Aquí les envío un regalo de lo que tomamos de los enemigos del SEÑOR.
[27] También les envió algunas de las cosas a los líderes de Betel, Ramot del Néguev, Jatir,
[28] Aroer, Sifmot, Estemoa,
[29] Racal, las ciudades de Jeramel, las ciudades quenitas
[30] de Jormá, Corasán, Atac,
[31] y Hebrón, y los líderes de todos los lugares donde David y sus hombres habían vivido.