[1] El rey Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, incluso como Elías había matado a todos los profetas a espada.
[2] Así que Jezabel mandó un mensajero a Elías diciendo: «Te aseguro que mañana a esta hora te mataré, tal como mataste a esos profetas. Si no tengo éxito que me castiguen los dioses».
[3] Elías se asustó tanto al escuchar esto que escapó para salvar su vida, llevando consigo a su siervo. Se fueron a Berseba que está en Judá, y Elías dejó a su siervo allí.
[4] Entonces Elías caminó todo el día por el desierto, se sentó debajo de un arbusto y con ganas de morirse, dijo: «¡Ya basta, SEÑOR! ¡Déjame morir, que no soy mejor que mis antepasados!»
[5] Entonces Elías se acostó ahí debajo del arbusto y se quedó dormido. Un ángel se acercó a Elías, lo tocó y le dijo: —¡Levántate y come!
[6] Elías vio que muy cerca había un pan cocinado sobre un fuego de carbón y una jarra de agua. Elías comió y bebió y luego se volvió a dormir.
[7] Más tarde, el ángel del SEÑOR se le acercó otra vez y tocándolo le dijo: —¡Levántate y come! Si no lo haces, no tendrás las fuerzas necesarias para el viaje.
[8] Así que Elías se levantó, comió y bebió. La comida le dio suficientes fuerzas como para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
[9] Ahí Elías entró en una cueva y se quedó toda la noche. Entonces el SEÑOR le dijo a Elías: —Elías, ¿por qué estás aquí?
[10] Él le contestó: —SEÑOR Dios Todopoderoso, yo siempre te he servido lo mejor que he podido, pero los israelitas han roto el pacto que tenían contigo. Destruyeron tus altares y mataron a tus profetas. Yo soy el único de tus profetas que ha quedado con vida y ahora a mí también me buscan para matarme.
[11] Entonces el Señor le dijo: —Ve, y ponte de pie delante del monte ante el SEÑOR y yo pasaré delante de ti. Entonces pasó el SEÑOR y sopló un viento tan fuerte que rompió una parte del monte y desprendió grandes piedras delante del SEÑOR, pero el SEÑOR no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto, pero el SEÑOR tampoco estaba en el terremoto.
[12] Después del terremoto pasó un fuego pero el SEÑOR tampoco estaba en el fuego. Después del fuego, se escuchó un sonido muy suave.
[13] Cuando Elías lo escuchó, se cubrió la cara con su manto. Entonces fue y se paró en la entrada de la cueva y una voz le dijo: —Elías, ¿por qué estás aquí?
[14] Elías dijo: —SEÑOR, Dios Todopoderoso, yo siempre te he servido lo mejor que he podido, pero los israelitas han roto el pacto que tenían contigo. Destruyeron tus altares y mataron a tus profetas. Yo soy el único de tus profetas que ha quedado con vida y ahora me buscan para matarme a mí también.
[15] El SEÑOR le contestó: —Regresa por el camino que lleva al desierto cerca de Damasco, entra y consagra a Jazael como rey de Siria.
[16] Luego consagra a Jehú hijo de Nimsi como rey de Israel, y después consagra a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, como el profeta que tomará tu lugar.
[17] Jehú matará a los que escapen de la espada de Jazael, y Eliseo matará al que escape de la espada de Jehú.
[18] Además, todavía me quedan siete mil en Israel que no doblaron la rodilla para adorar a Baal ni lo han besado. A ellos los dejaré con vida.
[19] Así que Elías salió de ese lugar y fue a encontrar a Eliseo hijo de Safat. Eliseo estaba arando doce fanegadas de tierra y ya estaba por terminar cuando Elías se le acercó y le puso su manto.
[20] De inmediato Eliseo dejó su arado y corrió para alcanzar a Elías y le dijo: —Déjame dar un beso de despedida a mi papá y a mi mamá, y luego te seguiré. Elías le contestó: —Claro, hazlo, no te lo impediré.
[21] Eliseo fue y mató dos bueyes, y usando el yugo como leña cocinó la carne. Entonces se la dio a la gente y la comieron como una ofrenda para festejar. Entonces Eliseo comenzó a seguir a Elías y se convirtió en su ayudante.