[1] Miren, yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto vendrá a su templo el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso.
[2] ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego para fundir metales y como un blanqueador de ropa.
[3] Se pondrá a fundir y a refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los purificará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas.
[4] Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los tiempos pasados, como en los años remotos.
[5] Yo me acerco a ustedes para juzgarlos, y con decisión testifico contra los hechiceros, los adúlteros y los que juran en falso, contra los que defraudan al obrero en su sueldo, oprimen a la viuda y al huérfano y violan el derecho del extranjero, sin temerme a mí, dice el Señor todopoderoso.
[6] Yo, el Señor, no cambio, pero ustedes, hijos de Jacob, tampoco han dejado,
[7] desde los días de sus antepasados, de apartarse de mis mandamientos y de transgredirlos. Conviértanse a mí y yo estaré de su parte, dice el Señor todopoderoso. Ustedes dicen: «¿Cómo nos convertiremos?»
[8] ¿Acaso puede un hombre engañar a Dios? Pues ustedes me engañan; y aún preguntan: «¿En qué te engañamos?» En los diezmos y en los impuestos sagrados.
[9] Están amenazados por la maldición, y sin embargo todos ustedes, la nación entera, no cesan de engañarme.
[10] Lleven al arca del tesoro el diezmo completo, y no faltarán los alimentos en mi templo; colóquenme a prueba de este modo, dice el Señor todopoderoso, y verán cómo abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendiciones en abundancia.
[11] Alejaré de ustedes la langosta devoradora, y no volverá a destruir más los frutos del suelo ni dejará estériles las viñas del campo, dice el Señor todopoderoso.
[12] Todos los pueblos los considerarán dichosos, porque serán una tierra de delicias, dice el Señor todopoderoso.
[13] Las palabras que ustedes me han dirigido han sido insolentes, dice el Señor. Y aún preguntan: «¿Qué hemos dicho contra ti?»
[14] Pues han dicho que es tiempo perdido servir a Dios, que no han sacado ningún provecho en observar sus mandamientos y en hacer penitencia ante el Señor todopoderoso;
[15] que los arrogantes son dichosos, tienen éxito a pesar de hacer el mal y, aunque desafían a Dios, quedan sin castigo.
[16] Esto es lo que comentaban entre sí los que respetan a Dios. Y el Señor prestó atención y escuchó: en su presencia se escribió un libro en el que figuran todos los que son fieles al Señor y respetan su nombre.
[17] Estoy preparando un día, dice el Señor todopoderoso, en el que ellos volverán a ser mi propiedad. Seré compasivo con ellos como un padre con el hijo que le sirve.
[18] Entonces ustedes verán de nuevo la diferencia que hay entre el justo y el malvado, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve.
[19] Porque ya viene el día, ardiente como un horno; todos los arrogantes, todos los malvados no serán entonces más que paja. Ese día que está llegando, dice el Señor todopoderoso, los devorará y no dejará de ellos ni rama ni raíz.
[20] Pero sobre ustedes, los que respetan mi nombre, se levantará un sol victorioso que trae la salvación entre sus rayos, y ustedes saltarán de alegría como los novillos cuando salen del establo.
[21] Pisotearán como ceniza a los malvados bajo la planta de sus pies en el día que yo preparo, dice el Señor todopoderoso.
[22] Recuerden la ley, los mandatos y preceptos que yo entregué en el Horeb a mi siervo Moisés para todo Israel.
[23] Yo les enviaré al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, grande y terrible;
[24] él hará que padres e hijos se reconcilien, de manera que, cuando yo venga, no tenga que entregar esta tierra al exterminio.