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[1] Y ahora, a ustedes, sacerdotes, se dirige esta advertencia.

[2] Si no me hacen caso, si no se proponen dar gloria a mi nombre, dice el Señor todopoderoso, yo lanzaré contra ustedes la maldición: convertiré en maldiciones sus bendiciones; de hecho ya las he convertido en maldiciones porque ninguno hace caso.

[3] Yo los apartaré del sacerdocio, les tiraré estiércol a la cara: el estiércol de sus fiestas, y serán barridos junto con él.

[4] Así reconocerán que he sido yo el que les ha dirigido esta advertencia para que sea efectiva la alianza que hice con Leví, dice el Señor todopoderoso.

[5] Mi alianza con Leví era de vida y de paz, y efectivamente se las concedí para que me temiera, me respetara y reverenciara mi nombre.

[6] En su boca había una enseñanza verdadera y en sus labios no se halló maldad; me fue enteramente fiel y apartó a muchos del mal.

[7] Al sacerdote corresponde atesorar la ciencia y a él se acude en busca de enseñanza, porque él es el mensajero del Señor todopoderoso.

[8] Pero ustedes se se han desviado del camino; con su enseñanza han servido de tropiezo a muchos y han invalidado la alianza de Leví, dice el Señor todopoderoso.

[9] Por eso, también yo los he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo, porque ustedes no me han obedecido ni al aplicar la ley han tratado a todos por igual.

[10] ¿No tenemos todos nosotros un mismo Padre? ¿No nos ha creado un solo Dios? ¿Por qué nos engañamos unos a otros y quebrantamos la alianza que Dios hizo con nuestros antepasados?

[11] Los de Judá, en efecto, han sido infieles; en Israel y en Jerusalén se ha hecho algo detestable. Los de Judá han profanado el santuario tan querido al Señor, casándose con mujeres que adoran a dioses extranjeros.

[12] ¡Que el Señor aniquile del pueblo de Jacob y del número de los que presentan las ofrendas al Señor todopoderoso, a los que hacen esto junto con sus hijos y toda su familia!

[13] Y no se acaba todo aquí: inundan de lágrimas, llantos y gemidos el altar del Señor, porque a él ya no le interesan las ofrendas que ustedes le presentan ni acepta nada de ustedes.

[14] ¿Por qué sucede esto? –se preguntan–. Pues porque el Señor es testigo de que has sido infiel a la esposa de tu juventud, aunque ella era tu compañera, a quien prometiste fidelidad.

[15] ¿No ha hecho Dios un solo ser, carne animada por un espíritu de vida? Y este único ser, ¿qué busca? Una descendencia dada por Dios. Así que cuiden su espíritu y no sean infieles a la esposa de su juventud.

[16] Pues el que se divorcia por odio, dice el Señor todopoderoso, se comporta como un hombre violento. Por tanto, cuiden su espíritu y no sean infieles.

[17] Ustedes cansan al Señor con sus palabras, y aún preguntan: «¿Por qué lo cansamos?» Pues porque dicen: «El Señor no rechaza, sino que acepta complacido a quien hace el mal», y añaden: «¿Dónde está Dios y su justicia?»

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