Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 7:58

[1] Un sábado atravesaba Jesús por unos campos sembrados. Sus discípulos cortaban espigas y las comían, desgranándolas con las manos.

[2] Y unos fariseos dijeron: –¿Por qué hacen lo que no está permitido en sábado?

[3] Jesús les respondió: –¿No han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre él y quienes lo acompañaban?

[4] Entró en el templo de Dios, tomó los panes de la ofrenda, comió y les dio a sus compañeros, siendo así que sólo a los sacerdotes les estaba permitido comerlos.

[5] Y añadió: –El Hijo del hombre es señor del sábado.

[6] Otro sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía atrofiada su mano derecha.

[7] Los maestros de la ley y los fariseos lo acechaban para ver si lo sanaba en sábado, y tener así un motivo para acusarlo.

[8] Jesús, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre de la mano atrofiada: –Levántate y ponte ahí en medio. El hombre se puso de pie.

[9] Jesús les dijo: –Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?

[10] Y, mirándolos a todos, dijo al hombre: –Extiende tu mano. El lo hizo, y su mano quedó restablecida.

[11] Pero ellos, llenos de rabia, discutían qué podrían hacer contra Jesús.

[12] Por aquellos días, Jesús se retiró a la montaña para orar y pasó la noche orando a Dios.

[13] Al hacerse de día, reunió a sus discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles:

[14] Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé,

[15] Mateo, Tomás y Santiago el hijo de Alfeo, Simón llamado Zelota,

[16] Judas el hijo de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

[17] Bajando después con ellos, se detuvo en un llano donde estaban muchos de sus discípulos y un gran gentío, de toda Judea y Jerusalén, y de la región costera de Tiro y Sidón,

[18] que habían venido para escucharlo y para que los sanara de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus impuros quedaban sanos;

[19] y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que los sanaba a todos.

[20] Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, les decía: Dichosos los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios.

[21] Dichosos los que ahora tienen hambre, porque Dios los saciará. Dichosos los que ahora lloran, porque reirán.

[22] Dichosos serán ustedes cuando los hombres los odien, y cuando los excluyan, los injurien y maldigan su nombre a causa del Hijo del hombre.

[23] Alégrense ese día y salten de felicidad, porque su recompensa será grande en el cielo; pues lo mismo hacían sus antepasados con los profetas.

[24] En cambio, ¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consuelo!

[25] ¡Ay de los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de los que ahora ríen, porque se entristecerán y llorarán!

[26] ¡Ay, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes, pues lo mismo hacían sus antepasados con los falsos profetas!

[27] Pero a ustedes que me están escuchando les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian,

[28] bendigan a los que los maldicen, oren por los que los calumnian.

[29] Al que te hiera en una mejilla, ofrécele también la otra; y a quien te quite el manto, no le niegues la túnica.

[30] Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames.

[31] Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes.

[32] Si aman a quienes los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a quienes los aman.

[33] Si hacen el bien a quien los trata bien a ustedes, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo.

[34] Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo correspondiente.

[35] Ustedes amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio; así su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo. Porque él es bueno con los ingratos y malos.

[36] Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso.

[37] No juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará; perdonen, y Dios los perdonará.

[38] Den, y Dios les dará. Les darán una buena medida, apretada, repleta, desbordante; porque con la medida con que midan, Dios los medirá a ustedes.

[39] Les puso también este ejemplo: –¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?

[40] El discípulo no es más que su maestro, pero el discípulo bien formado será como su maestro.

[41] ¿Cómo es que ves la basura en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo?

[42] ¿Y cómo puedes decir a tu hermano: ­«Hermano, deja que te saque la basura que tienes en el ojo», cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la basura del ojo de tu hermano.

[43] No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno.

[44] Cada árbol se conoce por sus frutos. Porque de los espinos no se recogen higos, ni de las zarzas se cosechan uvas.

[45] El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón; y el hombre malo, de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla su boca.

[46] ¿Por qué me llaman: «Señor, Señor», y no hacen lo que les digo?

[47] Les diré a quién es semejante todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica.

[48] Es semejante a un hombre que, al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre roca. Vino una inundación, y el río se desbordó contra esa casa; pero no pudo destruirla, porque estaba bien construida.

[49] Pero el que las oye y no las pone en práctica, es como el que edificó su casa a ras de tierra, sin cimientos; cuando el río se desbordó y las aguas dieron contra ella, se derrumbó en seguida, convirtiéndose en un montón de ruinas.

Lucas — Chapters