[1] El sumo sacerdote le preguntó: –¿Es verdad lo que dicen?
[2] Esteban respondió: –Hermanos israelitas y autoridades de nuestra nación, escuchen: El Dios de la gloria se apareció a nuestro antepasado Abrahán, cuando estaba en Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán,
[3] y le dijo: Deja tu tierra y tu parentela, y vete a la tierra que yo te mostraré.
[4] El salió del país de los caldeos y se estableció en Jarán. De allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la que ustedes viven ahora,
[5] y no le dio ni siquiera un palmo de tierra en propiedad. Pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia, aunque aún no tenía hijos.
[6] Dios le dijo que sus descendientes vivirían como extranjeros en tierra extraña y que serían esclavos durante cuatrocientos años.
[7] Pero a la nación a la que sirvan, yo la juzgaré –añadió Dios–; y después de esto, saldrán y me darán culto en este lugar.
[8] Más tarde le dio la circuncisión como signo de esta alianza. Así, después de engendrar a Isaac, Abrahán lo circuncidó al octavo día. Igualmente Isaac a Jacob y Jacob a los doce patriarcas.
[9] Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron y fue llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él,
[10] lo libró de todos sus sufrimientos, le concedió sabiduría y la protección del faraón, rey de Egipto, y lo hizo gobernador de Egipto y de toda su casa.
[11] Entonces sobrevino el hambre en toda la tierra de Egipto y Canaán y era tal la escasez que nuestros antepasados no encontraban alimentos.
[12] Al saber Jacob que en Egipto había trigo, envió por primera vez a nuestros antepasados;
[13] la segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos, y el faraón supo de qué familia procedía José.
[14] Entonces José mandó llamar a su padre Jacob y a toda la parentela, compuesta por setenta y cinco personas,
[15] y Jacob bajó a Egipto. Cuando murieron, él y nuestros antepasados,
[16] fueron trasladados a Siquén y enterrados en el sepulcro que Abrahán había comprado a los hijos de Jamor en Siquén.
[17] A medida que se acercaba el tiempo en que debía cumplirse lo que Dios había jurado a Abrahán, el pueblo aumentaba y se multiplicaba en Egipto,
[18] hasta que surgió allí otro rey que no había conocido a José.
[19] Un rey que engañó a nuestra gente y maltrató a nuestros antepasados, obligándolos a dejar abandonados a sus hijos recién nacidos, para que no sobrevivieran.
[20] Entonces nació Moisés, que fue grato a Dios. Criado durante tres meses en casa de su padre,
[21] fue abandonado, pero la hija del faraón lo adoptó y lo crió como hijo suyo.
[22] Moisés fue educado según la sabiduría egipcia, y se hizo respetar por sus palabras y sus obras.
[23] Al cumplir los cuarenta años, se propuso visitar a sus hermanos, los israelitas.
[24] Viendo cómo maltrataban a uno de ellos, lo defendió y lo vengó, matando al egipcio.
[25] Pensaba que sus hermanos comprenderían que Dios los iba a salvar por medio de él, pero ellos no comprendieron.
[26] Al día siguiente sorprendió a unos peleando y trató de reconciliarlos: «Ustedes son hermanos –les dijo–; ¿por qué se maltratan?».
[27] Pero el que maltrataba al otro le contestó: ¿Quién te ha hecho jefe y juez nuestro?
[28] ¿Es que quieres matarme como mataste ayer al egipcio?
[29] Al oír esto, Moisés huyó y se fue a vivir a Madián, donde tuvo dos hijos.
[30] Al cabo de cuarenta años, se le apareció en el desierto del monte Sinaí un ángel entre las llamas de una zarza ardiendo.
[31] Moisés se maravilló de esta aparición; y al tratar de verla más de cerca, oyó la voz del Señor:
[32] Yo soy el Dios de tus antepasados, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Moisés comenzó a temblar y no se atrevía a mirar.
[33] El Señor le dijo: Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.
[34] He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus gemidos y he bajado a librarlos. Y ahora ven, que te voy a enviar a Egipto.
[35] A ese Moisés, a quien rechazaron diciendo: ¿Quién te ha hecho jefe y juez?, Dios lo envió como jefe y liberador por medio del ángel que se le apareció en la zarza.
[36] El los sacó, realizando signos y prodigios en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.
[37] El es quien dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre sus hermanos un profeta como yo.
[38] El es quien en la asamblea del desierto actuó de intermediario entre sus antepasados y el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y quien nos transmitió palabras de vida.
[39] Pero nuestros antepasados no quisieron obedecerle, sino que lo rechazaron y, acordándose de Egipto con nostalgia,
[40] dijeron a Aarón: Haznos dioses que nos guíen; porque ese Moisés que nos sacó de Egipto, no sabemos qué pasó con él.
[41] Hicieron en aquellos días un becerro, presentaron sacrificios al ídolo y festejaron la obra de sus manos.
[42] Entonces Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los profetas: Pueblo de Israel, ¿acaso fue a mí a quien ofrecieron víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto?
[43] No, sino que llevaban la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán; imágenes que hicieron para adorarlas. Pues también yo los deportaré más allá de Babilonia.
[44] Nuestros antepasados tenían en el desierto la tienda del testimonio; Dios, que hablaba con Moisés, le había ordenado construirla de acuerdo con el modelo que había visto.
[45] Después de recibirla, nuestros antepasados la llevaron, bajo la guía de Josué, a la tierra que arrebataron a los paganos, a quienes Dios expulsó en presencia de ellos. Así quedó hasta los días de David.
[46] Este agradó a Dios y suplicó el favor de construir un santuario para la descendencia de Jacob.
[47] Con todo, fue Salomón quien le edificó una casa.
[48] Pero el Altísimo no habita en casas construidas por el hombre, como dice el profeta:
[49] El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies; ¿por qué quieren edificarme una casa, o un lugar para que decanse en él?
[50] ¿No he hecho yo todas estas cosas?
[51] Ustedes, hombres testarudos, tercos y sordos, siempre se han resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron sus antepasados, y lo mismo hacen ustedes.
[52] ¿A qué profeta no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien ustedes acaban de traicionar y asesinar.
[53] Ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles, pero no la han cumplido.
[54] Al oír esto, se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él.
[55] Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios,
[56] y exclamó: –Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.
[57] Ellos, dando grandes gritos, se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él,
[58] lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo.
[59] Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así: –Señor Jesús, recibe mi espíritu.
[60] Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte: –Señor, no les tengas en cuenta este pecado. Y dicho esto, murió.