Skip to content
Opens in a new window

Hechos 16

Listen to this chapter • 7:03

[1] Llegó a Derbe y después a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, de madre judía convertida al cristianismo, y de padre griego.

[2] Timoteo era muy estimado entre los hermanos de Listra e Iconio.

[3] Pablo decidió llevarlo consigo y lo circuncidó, debido a los judíos que había en aquella región, pues todos sabían que su padre era griego.

[4] En todas las ciudades por donde pasaban comunicaban a los creyentes los acuerdos tomados por los apóstoles y los responsables de Jerusalén y les recomendaban que los cumplieran.

[5] Las iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día.

[6] Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pero el Espíritu Santo les impidió anunciar el mensaje en la provincia de Asia.

[7] Llegaron a Misia e intentaron dirigirse a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no los dejó.

[8] Así que pasaron de largo por Misia y bajaron hacia Tróade.

[9] Aquella noche Pablo tuvo una visión. Se le presentó un macedonio y le hizo esta súplica: –Pasa a Macedonia y ven en nuestra ayuda.

[10] Ante esta visión, procuramos pasar rápidamente a Macedonia, persuadidos de que Dios nos llamaba a anunciarles la buena noticia.

[11] Nos embarcamos, pues, en Tróade y fuimos directos a Samotracia. Al día siguiente fuimos a Neápolis, y de allí a Filipos,

[12] ciudad importante del distrito de Macedonia y colonia romana. Allí permanecimos algunos días.

[13] El sábado salimos fuera de la ciudad y fuimos junto al río, donde pensábamos que se reunían para orar. Nos sentamos y estuvimos hablando con las mujeres que se habían reunido.

[14] Entre ellas había una llamada Lidia, que procedía de Tiatira y se dedicaba al comercio de telas. Lidia adoraba al verdadero Dios, y el Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo.

[15] Después de haberse bautizado con toda su familia, nos suplicó: –Si consideran que mi fe en el Señor es sincera, entren y quédense en mi casa. Y nos obligó a ir.

[16] Un día, cuando íbamos al lugar en donde se reunían para orar, nos salió al encuentro una muchacha que tenía un espíritu de adivinación gracias al cual procuraba a sus dueños grandes ganancias.

[17] La muchacha comenzó a seguir a Pablo y a nosotros gritando: –Estos hombres son siervos del Dios Altísimo; ellos les anuncian el camino de la salvación.

[18] Y así lo hizo durante muchos días, hasta que por fin, Pablo se hartó y, enfrentándose con el espíritu, le dijo: –En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella. El espíritu salió de ella en ese mismo instante,

[19] pero sus amos, al ver que habían desaparecido sus posibilidades de ganancia, detuvieron a Pablo y a Silas y los llevaron a la plaza pública, ante los dirigentes de la ciudad.

[20] Allí los presentaron ante las autoridades con esta acusación: –Estos hombres están amotinando nuestra ciudad;

[21] son judíos y predican costumbres que nosotros, como romanos, no podemos aceptar ni practicar.

[22] La gente se puso en contra de ellos, y las autoridades ordenaron que les quitaran sus ropas y los azotaran con varas.

[23] Después de azotarlos severamente, los metieron en la cárcel y encargaron al carcelero que los custodiara con atención.

[24] El carcelero, siguiendo a la letra la orden, los metió en la celda más segura y les sujetó los pies al suelo con cadenas.

[25] A medianoche, Pablo y Silas oraban entonando himnos a Dios, mientras que los otros presos los escuchaban.

[26] De repente, se produjo un gran terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel y se abrieron todas las puertas y a todos los presos se les soltaron las cadenas.

[27] Al despertarse el carcelero y ver abiertas las puertas de la cárcel, sacó el puñal con intención de suicidarse, pensando que los presos se habrían escapado.

[28] Pero Pablo le gritó: –¡No te hagas daño; todos estamos aquí!

[29] El carcelero pidió una antorcha, entró en la celda y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas.

[30] Después los sacó fuera, y dijo: –Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?

[31] Ellos le respondieron: –Si crees en el Señor Jesús, te salvarás tú y tu familia.

[32] Luego le explicaron a él y a todos sus familiares el mensaje del Señor.

[33] En aquella misma hora de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas y luego recibió el bautismo con todos los suyos.

[34] Después los llevó a su casa, preparó un banquete y celebró con toda su familia la alegría de haber creído en Dios.

[35] Cuando amaneció, las autoridades enviaron a unos guardias con la orden de poner en libertad a aquellos hombres.

[36] El carcelero se lo comunicó a Pablo: –Las autoridades han dado orden de que sean puestos en libertad. Salgan, pues, y váyanse en paz.

[37] Pero Pablo dijo a los guardias: –Ellos nos metieron en la cárcel después de azotarnos en público sin juzgarnos, y eso que somos ciudadanos romanos. ¿Y ahora quieren sacarnos a escondidas? ¡De ninguna manera! ¡Que vengan ellos a sacarnos!

[38] Los guardias comunicaron a las autoridades estas palabras. Ellos, al oír que eran ciudadanos romanos, se asustaron,

[39] y fueron a disculparse ante ellos. Después los sacaron y les rogaron que se fueran de la ciudad.

[40] Cuando Pablo y Silas salieron de la cárcel se dirigieron a casa de Lidia; y, después de ver y consolar a los hermanos, se fueron.

Hechos — Chapters