Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 3:45

[1] Por mi parte, hermanos, no pude hablarles como a quienes poseen el Espíritu, sino como a gente inmadura, como a cristianos en edad infantil.

[2] Les di a beber leche y no alimento sólido, porque aún no podían asimilarlo. Tampoco ahora pueden,

[3] ya que siguen siendo inmaduros. Mientras haya entre ustedes envidias y discordias, ¿no es señal de inmadurez y de que actúan con criterios puramente humanos?

[4] Pues cuando uno dice: ­«Yo soy de Pablo», y otro: ­«Yo de Apolo». ¿No están procediendo sólo a lo humano?

[5] Porque, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Simples servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a la fe, cada uno según el don que el Señor le concedió.

[6] Yo planté y Apolo regó, pero el que hizo crecer fue Dios.

[7] Ahora bien, no cuentan ni el que planta ni el que riega; Dios, que hace crecer, es el que cuenta.

[8] El que planta y el que riega forman un todo; cada uno, sin embargo, recibirá su recompensa conforme a su trabajo.

[9] Nosotros somos colaboradores de Dios, ustedes campo que Dios cultiva, casa que Dios edifica.

[10] Conforme al don que Dios me ha concedido, yo, como sabio arquitecto, puse los cimientos; otro levanta el edificio. Pero que cada cual mire cómo construye.

[11] Desde luego, nadie puede poner un cimiento distinto del que ya está puesto, y este cimiento es Jesucristo.

[12] Sin embargo, se puede construir sobre él con oro, plata y piedras preciosas, o bien con madera, heno y paja.

[13] El día del Señor pondrá de manifiesto la obra de cada cual, porque ese día vendrá con fuego, y el fuego pondrá a prueba la obra de cada uno.

[14] Si la obra que alguien realizó resiste, ese recibirá premio;

[15] pero si se derrumba bajo las llamas, sufrirá daño. El, sin embargo, se salvará, pero como quien escapa de un incendio.

[16] ¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?

[17] Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes.

[18] Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes piensa que es sabio según los criterios de este mundo, hágase necio para llegar a ser sabio.

[19] Porque la sabiduría del mundo es necedad a los ojos de Dios. Pues dice la Escritura: Dios es quien atrapa a los sabios en su astucia.

[20] Y en otra parte: El Señor conoce los pensamientos de los sabios y sabe que son vanos.

[21] Por tanto, que nadie se sienta orgulloso de quienes son sólo hombres. Porque todo es de ustedes:

[22] Pablo, Apolo, Pedro, el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro; todo es de ustedes.

[23] Pero ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios.

1 Corintios — Chapters