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En esta serie de enseñanzas observaremos tres parábolas todas ellas centradas en una misma verdad: la alegría de encontrar lo que se había perdido. Los publicanos y los pecadores eran considerados por los fariseos y escribas como las personas más despreciables.
Su apego a la tradición de la ley les exigía mantenerse absolutamente puros, evitando cualquier contacto con quienes consideraban impuros y despreciables. Los ejemplos que Jesús utiliza, como el pastor y la mujer, reflejan precisamente ese desprecio de los líderes religiosos.