[1] Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor. judaizantes en Filipos A mí no me causa molestia escribiros las mismas cosas y a vosotros os da seguridad.
[2] ¡Ojo con esos perros, con esos charlatanes, con esos que se empeñan en mutilarse!
[3] La verdadera circuncisión somos nosotros, los que tributamos un culto nacido del Espíritu de Dios y hemos puesto nuestro orgullo en Jesucristo, en lugar de confiar en nosotros mismos.
[4] Y eso que, en lo que a mí respecta, tendría motivos para confiar en mis títulos humanos. Nadie puede hacerlo con más razón que yo.
[5] Fui circuncidado a los ocho días de nacer, soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro costados, fariseo en cuanto al modo de entender la ley,
[6] ardiente perseguidor de la Iglesia, e irreprochable en lo que se refiere al cumplimiento de la ley.
[7] Pero lo que entonces consideraba una ganancia, ahora lo considero pérdida por amor a Cristo.
[8] Es más, pienso incluso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, y todo lo tengo por estiércol con tal de ganar a Cristo
[9] y vivir unido a él con una salvación que no procede de la ley, sino de la fe en Cristo, una salvación que viene de Dios a través de la fe.
[10] De esta manera conoceré a Cristo y experimentaré el poder de su resurrección y compartiré sus padecimientos y moriré su muerte,
[11] a ver si alcanzo así la resurrección de entre los muertos.
[12] No pretendo decir que haya alcanzado la meta o conseguido la perfección, pero me esfuerzo a ver si la conquisto, por cuanto yo mismo he sido conquistado por Cristo Jesús.
[13] Yo, hermanos, no me hago ilusiones de haber alcanzado la meta; pero, eso sí, olvidando lo que he dejado atrás, me lanzo de lleno a la consecución de lo que está delante
[14] y corro hacia la meta, hacia el premio al que Dios me llama desde lo alto por medio de Cristo Jesús.
[15] Esto deberíamos pensar cuantos presumimos de maduros en la fe. Y si pensáis de modo diferente, que Dios os haga ver claro también esto.
[16] En todo caso, permanezcamos firmes en lo que hemos alcanzado.
[17] Imitad mi ejemplo, hermanos, y fijaos en quienes me han tomado como norma de conducta.
[18] Pues como ya os advertí muchas veces, y ahora tengo que recordároslo con lágrimas en los ojos, muchos de los que están entre vosotros son enemigos de la cruz de Cristo.
[19] Su paradero es la perdición; su dios, el vientre; se enorgullecen de lo que debería avergonzarlos y sólo piensan en las cosas de la tierra.
[20] Nosotros, en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, de donde esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor.
[21] El transformará nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter todas las cosas.