Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 5:41

[1] En ese tiempo los seguidores se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Quién es el más importante en el reino de Dios?

[2] Jesús llamó a un niñito y lo puso en medio de sus seguidores.

[3] Entonces les dijo: —Les digo la verdad: si no cambian y se vuelven como un niño, no podrán entrar jamás al reino de Dios.

[4] Por tanto el que se humille como este niño, será el más importante en el reino de Dios.

[5] El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí.

[6] »Le va a ir muy mal al que haga pecar a uno de estos mis seguidores a quienes es fácil hacerles daño. Sería mejor que se colgara una gran piedra de molino al cuello y se hundiera en lo profundo del mar.

[7] ¡Pobre del mundo por los muchos motivos que hacen a la gente caer en pecado! Eso es inevitable, ¡pero pobre del que haga pecar a los demás!

[8] »Así que si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y tíralo. Es mejor entrar a la vida eterna con una sola mano o un solo pie que tener las dos manos y los dos pies pero ser echado al fuego eterno.

[9] Y si tu ojo te hace pecar, sácalo y tíralo. Es mejor entrar tuerto a la vida eterna que tener ambos ojos pero ser echado al fuego eterno.

[10] »¡Tengan cuidado! No piensen que estos niñitos no valen nada. Pues les digo que ellos tienen ángeles en el cielo que están siempre allá con mi Padre.

[12] »¿Qué les parece? Si un hombre tiene 100 ovejas y una de ellas se le pierde, ¿acaso no dejará a las otras 99 en los montes para ir a buscar a la perdida?

[13] Y si la encuentra, les digo la verdad: se pondrá más feliz por esa que por las otras 99.

[14] Pasa lo mismo con su Padre que está en el cielo. Él no quiere que ninguno de estos pequeños se pierda.

[15] »Si tu hermano hace algo malo, ve y habla a solas con él. Explícale cuál fue el mal que hizo. Si te hace caso, has recuperado a tu hermano.

[16] Pero si no te hace caso, ve otra vez a hablar con él, acompañado de una o dos personas más, para que ellos sean testigos de todo lo que se diga.

[17] Si él no les hace caso, díselo a la iglesia. Y si no hace caso a la iglesia, entonces debes tratarlo como a uno que no cree en Dios o como a un cobrador de impuestos.

[18] »Les digo la verdad: si ustedes juzgan a alguien aquí en la tierra, Dios lo juzgará en el cielo. A quien perdonen aquí en la tierra, Dios también lo perdonará en el cielo.

[19] »En otras palabras, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo en pedir algo, pueden orar por eso. Mi Padre que está en el cielo se lo dará,

[20] porque donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos.

[21] Entonces Pedro se acercó a Jesús y le dijo: —Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano si no deja de hacerme mal? ¿Debo perdonarlo aun si peca contra mí hasta siete veces?

[22] Jesús le dijo: —No sólo siete veces, sino que debes perdonarlo hasta setenta y siete veces.

[23] »Por eso el reino de Dios se puede comparar con un rey que decidió hacer cuentas con sus siervos.

[24] Cuando empezó, le llevaron a un siervo que le debía muchos millones de monedas de plata.

[25] Como debía mucho, no tenía dinero para pagar la deuda. El rey ordenó que lo vendieran junto con su esposa e hijos y todo lo que tenía, y así poder recuperar el dinero.

[26] Entonces el siervo se postró delante de él y le rogó: “Por favor, tenga un poco de paciencia conmigo, yo le voy a pagar todo lo que le debo”.

[27] El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó libre.

[28] »Cuando este siervo se fue, se encontró con un compañero que le debía 100 monedas de plata. Entonces el siervo a quien el rey había perdonado agarró al otro del cuello y le dijo: “¡Págame lo que me debes!”

[29] El compañero se postró delante de él y le rogó: “Por favor, ten un poco de paciencia conmigo, yo te voy a pagar todo lo que te debo”.

[30] Pero el primer siervo no quiso perdonarle la deuda y mandó echarlo a la cárcel hasta que pagara lo que le debía.

[31] Cuando los otros compañeros se dieron cuenta de lo que había pasado, se entristecieron mucho y fueron a contarle todo al rey.

[32] Entonces el rey lo llamó y le dijo: “¡Eres un mal siervo! Te perdoné la deuda porque me rogaste que tuviera compasión,

[33] ¿no debiste haber mostrado compasión con tu compañero, así como yo la tuve contigo?”

[34] Por esta razón, el rey se enojó muchísimo y entregó al siervo a los torturadores hasta que pagara todo lo que le debía.

[35] »Así los tratará mi Padre que está en el cielo si ustedes no perdonan de todo corazón a sus hermanos.

Mateo — Chapters