[1] Por ese tiempo, Judá se apartó de sus hermanos y se fue a vivir a casa de un hombre adulamita llamado Hirá.
[2] Allá Judá conoció a la hija de un cananeo llamado Súa. Judá se casó y tuvo relaciones sexuales con ella.
[3] Ella quedó embarazada y dio a luz a un hijo al que llamó Er.
[4] Después volvió a quedar embarazada y dio a luz a otro hijo al que llamó Onán.
[5] Luego dio a luz a otro hijo al que llamó Selá, cuando Judá estaba viviendo en Quezib.
[6] Judá le consiguió una esposa a su hijo mayor Er. Su nombre era Tamar.
[7] Pero el SEÑOR no estaba muy contento con Er, el hijo mayor de Judá, y entonces el SEÑOR hizo que se muriera.
[8] Entonces Judá le dijo a Onán: —Ten relaciones sexuales con la esposa de tu hermano muerto, cumple tu deber de cuñado y dale un hijo a tu hermano.
[9] Onán sabía que el hijo no iba a ser considerado suyo y entonces, cada vez que tenía relaciones sexuales con la esposa de su hermano, desperdiciaba su semen derramándolo en el suelo, para así no darle hijos a su hermano.
[10] Eso que él hizo no le agradó al SEÑOR, y por esa razón también hizo que se muriera.
[11] Entonces Judá le dijo a su nuera Tamar: —Vuelve a la casa de tu papá y no te cases hasta que crezca mi hijo Selá. Judá temía que Selá también muriera como sus hermanos. Tamar se fue a vivir a la casa del papá de ella.
[12] Después de un largo tiempo, la esposa de Judá, la hija de Súa, murió. Después de que Judá terminó el luto, él y su amigo Hirá el adulamita fueron a Timnat donde vivían los hombres que trasquilaban a sus ovejas.
[13] Alguien le dijo a Tamar: «Mira, tu suegro va a ir a Timnat a trasquilar a sus ovejas».
[14] Entonces ella se quitó sus vestidos de viuda, se cubrió con un velo y se sentó en la entrada de Enayin, que quedaba en el camino a Timnat. Tamar sabía que Selá ya había crecido y que a ella aún no le habían permitido casarse con él.
[15] Cuando Judá la vio, pensó que era una prostituta porque tenía la cara cubierta.
[16] Judá se le acercó al lado del camino y, sin saber que ella era su nuera, le pidió que tuvieran relaciones sexuales. Entonces ella le preguntó: —¿Qué me vas a dar por tener relaciones sexuales contigo?
[17] Judá le respondió: —Voy a mandarte un cabrito de mi rebaño. Y ella dijo: —Acepto sólo si me das algo en garantía mientras me mandas el cabrito.
[18] Él le preguntó: —¿Qué quieres que te dé en garantía? Ella respondió: —Dame tu sello con el cordón y el bastón que tienes en la mano. Entonces él le dio esas cosas, tuvo relaciones sexuales con ella y ella quedó embarazada.
[19] Después ella se levantó, se fue para su casa, se quitó el velo, y se puso la ropa de viuda.
[20] Después Judá mandó el cabrito con su amigo Hirá el adulamita para recuperar de la mujer su sello, su cordón y su bastón, pero él no pudo encontrarla.
[21] Hirá le preguntó a la gente de ese lugar: —¿Dónde puedo encontrar a la mujer consagrada que estaba en Enayin sentada al lado del camino? Pero ellos respondieron: —Aquí nunca ha habido una mujer consagrada.
[22] Entonces él regresó a donde estaba Judá y le dijo: —No la pude encontrar. La gente de ese lugar me dijo: “Aquí nunca ha estado una mujer consagrada”.
[23] Después Judá dijo: —Dejemos que se quede con mis cosas, no quiero que la gente se burle de mí. Tratamos de llevarle su cabrito pero tú no la encontraste.
[24] A los tres meses, alguien le contó a Judá: —Tu nuera Tamar ha actuado como una prostituta, y como resultado de eso, quedó embarazada. Entonces Judá dijo: —Tráiganla y quémenla.
[25] Cuando la estaban sacando, ella le mandó un mensaje a su suegro: —El dueño de estas cosas fue el que me embarazó. ¡Mírenlas! ¿De quién son este sello, este cordón y este bastón?
[26] Judá las reconoció y dijo: —Yo tengo la culpa, no ella; no le entregué a mi hijo Selá como se lo había prometido. Judá nunca más volvió a tener relaciones sexuales con Tamar.
[27] Cuando llegó el momento en que ella diera a luz, tuvo mellizos.
[28] Al momento de nacer, uno de ellos sacó la mano y ahí, la partera le ató un cordón rojo. Ella dijo: «Este fue el que nació primero»,
[29] pero él volvió a meter la mano y salió su hermano, entonces la partera dijo: «¡Qué abertura que has hecho tú mismo!» por lo cual lo llamaron Fares.
[30] Después salió su hermano, el que tenía el cordón rojo y por eso lo llamaron Zera.