[1] Un poco más allá de la cima del monte, David se encontró a Siba, el siervo de Mefiboset. Siba tenía dos asnos que llevaban 200 panes, 100 racimos de uvas pasas, 100 higos y un odre de vino.
[2] El rey David le preguntó a Siba: —¿Para qué es todo esto? Siba contestó: —Los asnos son para que los monte la familia del rey; el pan y los higos son para que alimente a los siervos; y el vino es para que lo beban los que empiecen a sentirse débiles en el desierto.
[3] Entonces el rey preguntó: —¿Y dónde está Mefiboset? Siba contestó: —En Jerusalén. Cree que hoy es el día en que los israelitas le devolverán el reino de su abuelo.
[4] Entonces el rey le dijo: —Muy bien, en este momento te entrego todo lo que perteneció a Mefiboset. Siba dijo: —Me postro a los pies de Su Majestad y espero siempre contar con su favor.
[5] Cuando el rey David llegó a Bajurín, un hombre de la familia de Saúl llamado Simí hijo de Guerá, salía de allí maldiciendo a David una y otra vez.
[6] Simí empezó a tirarles piedras a David y a sus oficiales, pero la gente y los soldados rodearon a David completamente.
[7] Simí seguía maldiciendo a David diciendo: —¡Largo de aquí asesino bueno para nada!
[8] El SEÑOR te ha castigado por todos los que mataste de la familia de Saúl. Destronaste a Saúl y ahora a ti te pasa lo mismo. El SEÑOR le ha dado el reino a tu hijo Absalón porque tú eres un asesino.
[9] Abisay hijo de Sarvia le dijo al rey: —¿Cómo se atreve este perro muerto a maldecir a Su Majestad? Déjeme ir y cortarle la cabeza.
[10] Pero el rey le contestó: —Hijos de Sarvia, ¿Es que no tienen nada que hacer? ¿Qué pasa si Simí me maldice por orden del SEÑOR? ¿Quién le va a decir que no lo haga?
[11] David también le dijo a Abisay y a todos sus siervos: —Si mi mismo hijo está tratando de matarme, qué puedo esperar de este hombre de la tribu de Benjamín. Déjenlo que me maldiga. El SEÑOR se lo ha ordenado.
[12] Tal vez el SEÑOR vea las cosas malas que están sucediendo y el SEÑOR me dé algo bueno por cada maldición de Simí.
[13] Así que David y sus hombres siguieron por el camino mientras Simí los seguía caminando al otro lado del camino. Él continuaba maldiciendo a David, tirándole piedras y polvo.
[14] El rey David y su gente llegaron al río Jordán cansados, así que descansaron allí y se refrescaron.
[15] Absalón, Ajitofel y todo el pueblo de Israel llegaron a Jerusalén.
[16] Husay el arquita, el amigo de David, fue a ver a Absalón y le dijo: —¡Viva el rey! ¡Viva el rey!
[17] Absalón le preguntó: —¿Por qué le eres desleal a tu amigo David? ¿Por qué no huyes de Jerusalén con él?
[18] Husay le dijo: —Pertenezco a quien el SEÑOR elija. Esta gente y el pueblo de Israel lo han elegido a usted y a usted serviré.
[19] Antes serví al papá así que ahora serviré al hijo.
[20] Absalón le dijo a Ajitofel: —Dinos qué debemos hacer.
[21] Ajitofel le dijo a Absalón: —Acuéstese usted con las concubinas que su papá dejó a cargo del palacio. Así todos los israelitas sabrán que su papá lo odia y usted recibirá aun más apoyo del pueblo.
[22] Pusieron entonces una carpa en la azotea del palacio para que Absalón se acostara con las concubinas de su papá a la vista de todo Israel.
[23] Absalón, al igual que David, escuchaba el consejo de Ajitofel. En esa época el consejo de Ajitofel se consideraba como la misma palabra de Dios.