Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 5:03

[1] Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.

[2] Los felicito porque ustedes siempre se acuerdan de mí y mantienen las enseñanzas que les di.

[3] Quiero que sepan que Cristo es la cabeza de todo hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, así como Dios es la cabeza de Cristo.

[4] Si un hombre se cubre la cabeza cuando ora o cuando profetiza, deshonra al que es su cabeza.

[5] En cambio, si una mujer no se cubre la cabeza cuando ora o cuando profetiza, deshonra al que es su cabeza. Eso sería como si se hubiera rapado la cabeza.

[6] Si una mujer no se cubre la cabeza, es como si se hubiera cortado todo el cabello; sin embargo, ya que para una mujer es motivo de vergüenza cortarse todo el cabello o raparse la cabeza, entonces que se la cubra.

[7] El hombre no debe cubrirse la cabeza porque él fue hecho a imagen de Dios y refleja la gloria de Dios. En cambio, la mujer es la gloria del hombre,

[8] pues el hombre no vino de la mujer, sino la mujer del hombre.

[9] El hombre no fue creado para la mujer, sino la mujer para el hombre.

[10] Por eso, y por causa de los ángeles, la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza.

[11] Sin embargo, como seguidores del Señor, la mujer y el hombre dependen el uno del otro.

[12] Esto es verdad, porque si bien es cierto que la mujer fue hecha del hombre, el hombre nace de la mujer. Aunque en realidad todo viene de Dios.

[13] Decidan ustedes mismos si es apropiado que una mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza.

[14] La propia naturaleza les enseña que para el hombre es deshonra tener el cabello largo.

[15] En cambio, para la mujer es un honor tener el cabello largo. Se le ha dado el cabello para que le cubra la cabeza.

[16] Esa es nuestra costumbre y la de todas las iglesias de Dios, así que nadie debe discutir sobre esto.

[17] Ahora bien, con lo que ahora les voy a decir no los felicito, ya que sus reuniones les causan más daño que ayuda.

[18] En primer lugar, he oído que cuando se reúnen como iglesia, hay divisiones entre ustedes, y me temo que hasta cierto punto sea verdad.

[19] No hay duda de que habrá diferencias entre ustedes. Así es como se identifica a los que son aprobados.

[20] Cuando ustedes se reúnen, en realidad no están compartiendo la Cena del Señor,

[21] porque cada uno come sin esperar a los demás. Entonces, unos quedan con hambre, mientras otros beben hasta emborracharse.

[22] ¿Acaso no tienen casa donde comer y beber? ¿Es que menosprecian a la iglesia de Dios y quieren humillar a los que no tienen nada? ¿Qué quieren que les diga? ¿Que los felicito? Eso no merece ninguna felicitación.

[23] Las enseñanzas que les traigo son las mismas que recibí del Señor: la noche en que el Señor Jesús fue traicionado, tomó pan,

[24] y después de dar gracias a Dios, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que doy por ustedes. Cómanlo como recordatorio de mí».

[25] De la misma manera, después de comer, levantó la copa de vino y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo, que es sellado con mi sangre. Cuando beban el vino de esta copa, háganlo para recordarme».

[26] Cada vez que coman de este pan y beban de este vino, estarán anunciando la muerte del Señor hasta que él regrese.

[27] Entonces, si alguien come el pan y bebe de la copa del Señor de una manera que no va de acuerdo con su verdadero significado, estará cometiendo un pecado contra el cuerpo y la sangre del Señor.

[28] Por eso, cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer el pan o beber de la copa.

[29] Porque el que come y bebe sin considerar a los que forman el cuerpo del Señor, se condena a sí mismo.

[30] Por esto hay muchos entre ustedes que están enfermos y débiles, y también muchos otros han muerto.

[31] Si nos examináramos bien, no seríamos condenados.

[32] Pero cuando el Señor nos castiga es para mostrarnos el camino correcto, para no tener que condenarnos con el resto del mundo.

[33] En conclusión, hermanos, cuando se reúnan a comer, espérense unos a otros.

[34] Si alguien tiene mucha hambre, que coma en su casa, para que Dios no tenga que castigarlo. Cuando vaya a visitarlos, trataremos los otros asuntos.

1 Corintios — Chapters