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[1] Al Vencedor: Masquil; a los hijos de Coré. COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así mi alma suspira por tí, o! Dios.

[2] Mi alma tuvo sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!

[3] Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche cuando me decían todos los dias: ¿Dónde está tu Dios?

[4] De estas cosas me acordaré, y derramaré sobre mí mi alma. Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios con voz de alegría y de alabanza, bailando la multitud.

[5] ¿Por qué te abates, o! alma mía, y te enfureces contra mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.

[6] Dios mío, mi alma está abatida en mí: por tanto me acordaré de tí desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizar.

[7] Un abismo llama a otro a la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

[8] De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción conmigo, y mi oración al Dios de mi vida.

[9] Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?

[10] Es me muerte en mis huesos, cuando mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

[11] ¿Por qué te abates, o! alma mía: y por qué te enfureces contra mí? Espera a Dios, porque aun le tengo de alabar, salud de mi presencia, y Dios mío.

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