[1] EN aquel tiempo Merodac-bala- dán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque había oido que había estado enfermo, y que había convalecido.
[2] Y holgóse con ellos Ezequías, y enseñóles la casa de su tesoro, plata, y oro, y especierías, y ungüentos preciosos, y toda su casa de armas, y todo lo que se pudo hallar en sus tesoros: no hubo cosa en su casa, y en todo su señorío, que Ezequías no les mostrase.
[3] Entónces Isaías profeta vino al rey Ezequías, y díjole: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a tí? Y Ezequías respondió: De tierra muy léjos han venido a mí, de Babilonia.
[4] Dijo entónces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
[5] Entónces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos:
[6] He aquí que vienen dias en que todo lo que hay en tu casa será llevado a Babilonia, y todo lo que tus padres han guardado hasta hoy: ninguna cosa quedará, dice Jehová.
[7] De tus hijos, que hubieren salido de tí, y que engendraste, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
[8] Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que hablaste es buena. Y dijo: A lo ménos haya paz y verdad en mis dias.