[1] ¡Escuchen cuando la Sabiduría llama! ¡Oigan cuando el entendimiento alza su voz!
[2] La Sabiduría toma su puesto en las encrucijadas, en la cumbre de la colina, junto al camino.
[3] Junto a las puertas de entrada a la ciudad, en el camino de ingreso, grita con fuerza:
[4] «¡A ustedes los llamo, a todos ustedes! Levanto mi voz a toda persona.
[5] Ustedes, ingenuos, usen el buen juicio. Ustedes, necios, muestren un poco de entendimiento.
[6] ¡Escúchenme! Tengo cosas importantes que decirles. Todo lo que digo es correcto,
[7] pues hablo la verdad y detesto toda clase de engaño.
[8] Mi consejo es sano; no tiene artimañas ni falsedad.
[9] Mis palabras son obvias para todos los que tienen entendimiento, claras para los que poseen conocimiento.
[10] Elijan mi instrucción en lugar de la plata y el conocimiento antes que el oro puro.
[11] Pues la sabiduría es mucho más valiosa que los rubíes. Nada de lo que uno pueda desear se compara con ella.
[12] »Yo, la Sabiduría, convivo con el buen juicio. Sé dónde encontrar conocimiento y discernimiento.
[13] Todos los que temen al Señor odiarán la maldad. Por eso odio el orgullo y la arrogancia, la corrupción y el lenguaje perverso.
[14] El sentido común y el éxito me pertenecen. La fuerza y la inteligencia son mías.
[15] Gracias a mí reinan los reyes y los gobernantes dictan decretos justos.
[16] Los mandatarios gobiernan con mi ayuda y los nobles emiten juicios justos.
[17] »Amo a todos los que me aman. Los que me buscan, me encontrarán.
[18] Tengo riquezas y honor, así como justicia y prosperidad duraderas.
[19] ¡Mis dones son mejores que el oro, aun el oro más puro; mi paga es mejor que la plata refinada!
[20] Camino en rectitud, por senderos de justicia.
[21] Los que me aman heredan riquezas; llenaré sus cofres de tesoros.
[22] »El Señor me formó desde el comienzo, antes de crear cualquier otra cosa.
[23] Fui nombrada desde la eternidad, en el principio mismo, antes de que existiera la tierra.
[24] Nací antes de que los océanos fueran creados, antes de que brotara agua de los manantiales.
[25] Antes de que se formaran las montañas, antes que las colinas, yo nací,
[26] antes de que el Señor hiciera la tierra y los campos y los primeros puñados de tierra.
[27] Estaba presente cuando él estableció los cielos, cuando trazó el horizonte sobre los océanos.
[28] Estaba ahí cuando colocó las nubes arriba, cuando estableció los manantiales en lo profundo de la tierra.
[29] Estaba ahí cuando puso límites a los mares, para que no se extendieran más allá de sus márgenes. Y también cuando demarcó los cimientos de la tierra,
[30] era la arquitecta a su lado. Yo era su constante deleite, y me alegraba siempre en su presencia.
[31] ¡Qué feliz me puse con el mundo que él creó; cuánto me alegré con la familia humana!
[32] »Y ahora, hijos míos, escúchenme, pues todos los que siguen mis caminos son felices.
[33] Escuchen mi instrucción y sean sabios; no la pasen por alto.
[34] ¡Alegres son los que me escuchan, y están atentos a mis puertas día tras día, y me esperan afuera de mi casa!
[35] Pues todo el que me encuentra, halla la vida y recibe el favor del Señor.
[36] Pero el que no me encuentra se perjudica a sí mismo. Todos los que me odian aman la muerte».