[1] »En el tiempo de esos acontecimientos —dice el Señor—, cuando yo restaure la prosperidad de Judá y de Jerusalén,
[2] reuniré a los ejércitos del mundo en el valle de Josafat. Allí los juzgaré por hacerle daño a mi pueblo, mi posesión más preciada, por dispersar a mi pueblo entre las naciones y por dividir mi tierra.
[3] Tiraron los dados para decidir quiénes de mi pueblo serían sus esclavos. Canjearon niños por prostitutas y vendieron niñas por tan solo suficiente vino para emborracharse.
[4] »¿Qué tienen contra mí, Tiro y Sidón y, ustedes, ciudades de Filistea? ¿Tratan de vengarse de mí? Si es así, ¡tengan cuidado! Los atacaré con rapidez y les pagaré por todo lo que hicieron.
[5] Tomaron mi plata y mi oro y todos mis tesoros preciados y los llevaron a sus templos paganos.
[6] Les vendieron la gente de Judá y de Jerusalén a los griegos para que se la llevaran lejos de su tierra.
[7] »Sin embargo, yo los traeré de regreso de todos los lugares donde los vendieron y les pagaré a ustedes por todo lo que hicieron.
[8] Venderé a sus hijos e hijas a la gente de Judá y ellos los venderán al pueblo de Arabia, una nación lejana. ¡Yo, el Señor, he hablado!».
[9] Digan a las naciones de todas partes: «¡Prepárense para la guerra! Llamen a sus mejores hombres de guerra. Que todos sus combatientes avancen para el ataque.
[10] Forjen las rejas de arado y conviértanlas en espadas, y sus herramientas para podar, en lanzas. Entrenen aun a los más débiles para que sean guerreros.
[11] Vengan pronto, naciones de todas partes. Reúnanse en el valle». ¡Y ahora, oh Señor, llama a tus guerreros!
[12] «Que las naciones se movilicen para la guerra. Que marchen hacia el valle de Josafat. Allí, yo, el Señor, me sentaré para pronunciar juicio contra todas ellas.
[13] Den rienda suelta a la hoz, porque la cosecha está madura. Vengan, pisen las uvas, porque el lagar está lleno. Los barriles rebosan con la perversidad de esas naciones».
[14] Miles y miles esperan en el valle de la decisión. Es allí donde llegará el día del Señor.
[15] El sol y la luna se oscurecerán y las estrellas dejarán de brillar.
[16] La voz del Señor pronto rugirá desde Sion y tronará desde Jerusalén, y los cielos y la tierra temblarán; pero el Señor será un refugio para su pueblo, una fortaleza firme para el pueblo de Israel.
[17] «Entonces ustedes sabrán que yo, el Señor su Dios, habito en Sion, mi monte santo. Jerusalén será santa para siempre, y los ejércitos extranjeros nunca más volverán a conquistarla.
[18] En aquel día las montañas destilarán vino dulce, y de los montes fluirá leche. El agua llenará los arroyos de Judá, y del templo del Señor brotará una fuente que regará el árido valle de las acacias.
[19] Sin embargo, Egipto se convertirá en tierra baldía, y Edom, en un desierto porque atacaron al pueblo de Judá y mataron a gente inocente en la tierra de ellos.
[20] »Judá, en cambio, se llenará de gente para siempre y Jerusalén perdurará a través de todas las generaciones.
[21] Perdonaré los crímenes de mi pueblo que todavía no he perdonado; y yo, el Señor, haré mi hogar en Jerusalén con mi pueblo».