[1] Este es el mensaje que recibí acerca de Jerusalén, el valle de la Visión: ¿Qué sucede? ¿Por qué todo el mundo corre a las azoteas?
[2] Toda la ciudad está en un terrible alboroto. ¿Qué veo en esta ciudad tan parrandera? Hay cadáveres por todas partes; no murieron en batalla, sino a causa del hambre y de la enfermedad.
[3] Todos tus líderes huyeron; se rindieron sin ofrecer ninguna resistencia. Los habitantes trataron de escabullirse, pero también fueron capturados.
[4] Por eso dije: «Déjenme a solas para llorar; no intenten consolarme. Déjenme llorar por mi pueblo mientras presencio su destrucción».
[5] ¡Oh, qué día de derrota tan aplastante! ¡Qué día de confusión y de terror enviado por el Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales, sobre el valle de la Visión! Las murallas de Jerusalén han sido derribadas y gritos de muerte resuenan desde las laderas de los montes.
[6] Los elamitas son los arqueros. Están en sus carros de guerra con los conductores. Los hombres de Kir sostienen los escudos.
[7] Los carros de guerra llenan tus hermosos valles y los conductores de los carros irrumpen por tus puertas.
[8] Judá ha sido despojado de sus defensas. Ustedes corren al arsenal a buscar sus armas.
[9] Inspeccionan las brechas en las murallas de Jerusalén. Almacenan agua en la cisterna de abajo.
[10] Recorren las casas y derriban algunas para tomar las piedras y reforzar las murallas.
[11] Entre las murallas de la ciudad construyen un estanque para el agua de la cisterna vieja. Sin embargo, nunca piden ayuda a Aquel que hizo todo esto. Nunca tuvieron en cuenta a Aquel que lo planificó hace mucho tiempo.
[12] En ese día, el Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales, los llamó a llorar y a lamentarse. Les dijo que se raparan la cabeza en señal de dolor por sus pecados y que usaran ropa de tela áspera para expresar su remordimiento.
[13] En cambio, ustedes bailan y juegan; matan reses y ovejas; comen carne y beben vino. Y dicen: «¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!».
[14] El Señor de los Ejércitos Celestiales me ha revelado lo siguiente: «Hasta el día en que mueran, nunca se les perdonará este pecado». Ese es el juicio del Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales.
[15] Esto me dijo el Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales: «Enfréntate a Sebna, el administrador del palacio, y dale este mensaje:
[16] »¿Quién te crees que eres, y qué haces aquí, construyéndote una hermosa sepultura, un monumento en lo alto de la roca?
[17] Pues el Señor está a punto de arrojarte lejos, hombre poderoso. Te agarrará,
[18] te arrugará y hará de ti una bola, y te lanzará a una tierra árida y distante. Allí morirás, y tus gloriosos carros de guerra quedarán rotos e inútiles. ¡Eres una vergüenza para tu amo!
[19] »Sí, te sacaré de tu puesto —dice el Señor—, te derribaré de tu elevada posición.
[20] Y entonces llamaré a mi siervo Eliaquim, hijo de Hilcías, para que te reemplace.
[21] Lo vestiré con tus vestiduras reales y le daré tu título y tu autoridad. Y será un padre para el pueblo de Jerusalén y de Judá.
[22] Le daré la llave de la casa de David, la posición más elevada dentro de la corte real. Cuando él abra puertas, nadie podrá cerrarlas; cuando él cierre puertas, nadie podrá abrirlas.
[23] Le traerá honor al nombre de su familia, porque yo lo pondré firmemente en su lugar como un clavo en la pared.
[24] Le darán grandes responsabilidades, y él les traerá honor incluso a los miembros más humildes de su familia».
[25] Pero el Señor de los Ejércitos Celestiales también dice: «Llegará el día en que yo sacaré el clavo que parecía tan firme; saldrá y caerá al suelo y todo lo que sostiene se caerá junto con él. ¡Yo, el Señor, he hablado!».