[1] En los últimos días, el monte del templo del SEÑOR se convertirá en el monte más alto de todos. Se levantará sobre todos los montes y habrá un río de gente de todos los pueblos que vendrá a él.
[2] Muchas naciones vendrán aquí y ellos dirán: «Vamos al monte del SEÑOR, vayamos al templo del Dios de Jacob, para que él nos dé sus enseñanzas y nosotros lo seguiremos». Porque de Sion saldrá la enseñanza; y de Jerusalén, el mensaje del SEÑOR.
[3] Él será árbitro entre muchos pueblos y mediador entre a naciones fuertes y lejanas. Convertirán sus espadas en arados, y sus lanzas en hoces. Ninguna nación levantará espada contra otra, y ya nadie se preparará para la guerra.
[4] Cada cual se sentará bajo su vid y su higuera, y no habrá quien los atemorice. Porque así lo ha dicho el SEÑOR Todopoderoso.
[5] Aunque todas las naciones obedezcan a sus propios dioses, nosotros nunca dejaremos de obedecer al SEÑOR, nuestro Dios.
[6] El SEÑOR dice: «Ese día reuniré a mis ovejas; a la lastimada, a la descarriada y a la que maltraté.
[7] Con la lastimada formaré un resto; con la descarriada, una nación poderosa. El SEÑOR reinará sobre ellos en el monte Sion desde ese día y para siempre.
[8] »Y tú, torre del rebaño, a ti te llegará tu momento. Fortaleza de los habitantes de Sion, tú recuperarás tu poder. El reino volverá a Jerusalén».
[9] Jerusalén, ¿por qué lloras tanto? ¿Acaso no tienes un rey? ¿Acaso ha desaparecido tu líder? Tu angustia es tan inmensa como la de una mujer que da a luz.
[10] Hija de Sion, estremécete y gime como si estuvieras dando a luz, porque vas a salir de la ciudad y tendrás que vivir en el campo. Irás a Babilonia, pero de allí serás rescatada. El SEÑOR te librará de las garras de tus enemigos.
[11] Muchas naciones se han unido en tu contra. Dicen: «¡Que sea profanada, disfrutemos viendo la derrota de Sion!»
[12] Pero esas naciones no conocen los pensamientos del SEÑOR ni captan su plan; porque él las juntará como se juntan los manojos de espigas en el lugar donde se trilla el grano.
[13] Hija de Sion, levántate y aplástalos. Convertiré tus cuernos en hierro y tus cascos en bronce. Tú destruirás a muchos y le entregarás al SEÑOR todas las ganancias de ellos. Le entregarás todas sus riquezas al Señor de toda la tierra.