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Romanos 2

Listen to this chapter • 4:26

[1] Por tanto tú, quienquiera que seas, no tienes excusa cuando juzgas a los demás, pues juzgando a otros tú mismo te condenas, ya que haces lo mismo que condenas.

[2] Y sabemos que el juicio de Dios es riguroso contra quienes hacen tales cosas.

[3] Y tú que condenas a los que hacen las mismas cosas que tú haces ¿piensas que escaparás al castigo de Dios?

[4] ¿Desprecias acaso la inmensa bondad de Dios, su paciencia y su generosidad, ignorando que es la bondad de Dios la que te invita al arrepentimiento?

[5] Por la dureza y la terquedad de tu corazón estás atesorando ira para el día de la ira, cuando Dios se manifieste como justo juez

[6] y dé a cada uno según su merecido:

[7] a los que perseverando en la práctica del bien buscan gloria, honor e inmortalidad, les dará vida eterna;

[8] pero los que por egoísmo rechazaron la verdad y se abrazaron a la injusticia, tendrán un castigo implacable.

[9] Sufrimiento y angustia para todos cuantos hagan el mal: para los judíos, por supuesto, pero también para los que no lo son;

[10] gloria, honor y paz para los que hacen el bien: para los judíos, desde luego, pero también para quienes no lo son,

[11] pues en Dios no hay lugar a favoritismos.

[12] En efecto, todo el que haya pecado sin estar bajo la ley, también perecerá sin que intervenga la ley; y todo el que haya pecado estando bajo la ley, será juzgado por esa ley.

[13] Porque no salvará Dios a los que simplemente escuchan la ley, sino a aquellos que la cumplen.

[14] Y es que cuando los paganos que no están bajo la ley, cumplen lo que corresponde a la ley por inclinación natural, aunque no tengan ley, se constituyen en ley para sí mismos.

[15] Llevan los preceptos de la ley escritos en su corazón, como lo atestigua su conciencia, y también sus propios razonamientos que los acusarán o defenderán

[16] en el día en que Dios juzgue las cosas ocultas de los hombres por medio de Jesucristo y conforme al evangelio que yo anuncio.

[17] ¿Y qué decir de ti? Presumes de ser judío, te apoyas en la ley y te glorías en Dios.

[18] Te consideras conocedor de la voluntad de Dios e, instruido por la ley, sabes discernir lo que es bueno.

[19] Te enorgulleces de ser guía de ciegos, luz de los que están en la oscuridad,

[20] educador de ignorantes, maestro de analfabetos, y crees poseer en la ley la clave del conocimiento y de la verdad.

[21] Pues bien, tú que enseñas a otros, ¿por qué no te enseñas a ti mismo? Tú que proclamas que no se debe robar, ¿por qué robas?

[22] Tú que condenas el adulterio, ¿por qué cometes adulterio? Tú que reniegas de los ídolos, ¿por qué te aprovechas saqueando sus templos?

[23] Tú que presumes de la ley, ¿por qué deshonras a Dios al no cumplirla?

[24] Pues como dice la Escritura: Por culpa de ustedes el nombre de Dios es injuriado entre los paganos.

[25] En cuanto a la circuncisión, sin duda es útil si cumples la ley; pero si no la cumples, es igual estar circuncidado que no estarlo.

[26] Por tanto, si uno que no está circuncidado observa los preceptos de la ley, ¿no deberá ser considerado como si lo estuviera?

[27] De hecho, el que no está físicamente circuncidado, pero cumple la ley, te juzgará a ti que, a pesar de estar circuncidado y poseer la letra de la ley, no cumples esa ley.

[28] Porque ser judío no consiste en lo exterior, ni la verdadera circuncisión es la que se hace visiblemente en el cuerpo.

[29] El verdadero judío lo es por dentro y la auténtica circuncisión es la del corazón, la que es obra del Espíritu y no de la letra; no esa que alaban los hombres, sino la que alaba Dios.

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