[1] ¡Ay de aquellos que planean la maldad, que traman el mal en su cama, y en cuanto es de día lo ejecutan, porque tienen el poder en su mano!
[2] Codician campos y los roban; casas, y se apoderan de ellas; oprimen al jefe de familia y a todos los suyos, al dueño y a sus bienes.
[3] Por eso, así dice el Señor: También yo proyecto un mal contra esa gente, un mal del que no podrán apartar su cuello; no podrán ir más con la frente en alto, porque serán tiempos de desgracia.
[4] Aquel día les dedicarán este proverbio, y les entonarán esta lamentación: «Estamos totalmente arruinados: se reparten la heredad de mi pueblo, ¿cómo es que me la quitan? Los que nos han conquistado, se han repartido nuestros campos».
[5] Así que no tendrás a nadie que distribuya la tierra en la asamblea del Señor.
[6] No deliren, deliran ellos, no deliren diciendo: «La desgracia no podrá alcanzarnos.
[7] ¿Acaso está maldita la descendencia de Jacob? ¿Ha perdido el Señor la paciencia? ¿Es esa su manera de actuar? ¿No son favorables sus palabras para quien procede rectamente?».
[8] Ustedes se alzan como enemigos contra mi pueblo, les quitan la túnica y el manto a quienes pasan confiados al regreso de la guerra.
[9] Expulsan de sus amadas casas a las mujeres de mi pueblo, y les quitan para siempre a sus hijos la gloria que yo les he dado.
[10] ¡Levántense y caminen, éste no es lugar de descanso! Por tu impureza provocas la destrucción y la destrucción será terrible.
[11] Si alguien corriera detrás del viento, inventando mentiras y diciendo: «Por vino y licor deliraré en tu favor», ése sería un profeta digno de este pueblo.
[12] Voy a congregar a todo Jacob, voy a reunir al resto de Israel; los agruparé como ovejas en un corral, como un rebaño en medio del pastizal, y regresará el ajetreo de la gente.
[13] El que abre camino irá adelante de ellos, los demás lo siguen, atraviesan la puerta, salen por ella; su rey va adelante de ellos, y el Señor a la cabeza.